Qué leo hoy: Niebla de Miguel de Unamuno

Publicada en 1914 —aunque escrita, hacia 1907—, Niebla es una de las obras más originales e influyentes de Miguel de Unamuno y suele considerarse precursora de la novela existencialista en lengua española. El propio autor acuñó para ella el término «Nivola», buscando diferenciarla de la novela realista tradicional.

Compuesta por treinta y tres capítulos y un original prólogo escrito ficcionalmente por uno de los personajes, la obra incorpora historias secundarias que enriquecen la trama principal. En ella predominan los diálogos y los monólogos por sobre la acción y las descripciones, rasgo que supone una clara ruptura con el realismo del siglo XIX y anticipa muchas de las innovaciones narrativas del siglo XX.

La historia sigue a Augusto Pérez, un joven soltero, adinerado y de temperamento reflexivo que vive en una casa heredada de su madre, recientemente fallecida. Lo acompañan sus fieles sirvientes, Domingo y Liduvina, quienes representan la voz del sentido común y del pragmatismo. Sus días transcurren entre la rutina, las largas cavilaciones filosóficas, las conversaciones con Orfeo, su perro —símbolo de la lealtad y de una particular sabiduría intuitiva—, y las tertulias en el casino junto a su amigo Víctor Goti, escritor y confidente.

La vida costumbrista de Augusto cambia por completo cuando, por azar, ve salir de un edificio a una joven de la que queda profundamente enamorado. Se trata de Eugenia Domingo del Arco, una pianista huérfana que vive con sus tíos, doña Ermelinda y don Fermín. Independiente, inteligente y de firmes convicciones. Eugenia lucha por conservar su autonomía y se convierte en el centro de los conflictos sentimentales y existenciales del protagonista.

El vínculo entre ambos se complica por la presencia de Mauricio, novio de Eugenia, cuya relación con ella introduce una permanente tensión en la historia. Paralelamente, Augusto conoce a Rosario, una joven planchadora que se enamora sinceramente de él y representa un modelo de amor más simple, espontáneo y desinteresado.

Entre los personajes secundarios se destacan doña Ermelinda (tía de Eugenia), mujer conciliadora que intenta mediar entre Augusto y su sobrina, y don Fermín, esposo de Ermelinda, cuyas ideas anarquistas y sus reflexiones filosóficas aportan un interesante contrapunto intelectual al resto de los personajes.

Aunque la anécdota argumental es relativamente sencilla —un hombre dividido entre el amor, el deseo y la incertidumbre—, Unamuno la convierte en el punto de partida para una profunda reflexión sobre la existencia, la identidad, la libertad y el sentido de la vida. La evolución psicológica de Augusto constituye el verdadero núcleo de la novela.

Uno de los mayores aciertos de Niebla reside en su extraordinaria innovación formal. Unamuno rompe deliberadamente los límites entre ficción y realidad mediante recursos metaficcionales inéditos para la época. La figura del narrador adquiere una dimensión completamente nueva y la novela cuestiona continuamente quién crea a quién, hasta poner en duda la autonomía de los propios personajes. Este juego literario convirtió a Niebla en una obra adelantada a su tiempo y en una de las precursoras de la narrativa contemporánea. También introduce el monólogo interior como recurso expresivo, incluso otorgando voz al propio Orfeo, el perro de Augusto, lo que amplía las posibilidades narrativas y profundiza el carácter introspectivo de la obra. En Tombuctú de Paul Auster, hay cierta analogía, Míster Bones es un perro cuyo dueño, trotamundos, muere. Queda solo y tiene que hacer frente al mundo de los humanos. Muy inteligente, pensante y capaz de comprender su situación, mientras aprovecha el autor a describir su visión de la sociedad.

Entre los principales temas destacan la existencia, el libre albedrío, la identidad personal, la inmortalidad, el amor, la soledad y la angustia del ser humano frente a su destino. El título, Niebla, funciona como una poderosa metáfora de la confusión vital que envuelve al protagonista: una niebla mental y emocional que le impide encontrar certezas y simboliza, al mismo tiempo, la difusa frontera entre la realidad y la ficción.

La novela está poblada de símbolos. El ajedrez, por ejemplo, representa la vida como un tablero en el que las personas parecen ser piezas movidas por una voluntad superior; los espejos aluden al conocimiento de uno mismo y a la búsqueda de la identidad; los sueños difuminan los límites entre lo real y lo imaginario; y la muerte, presente como una preocupación constante, remite a la condición finita del ser humano.

Aunque Unamuno nunca especifica la ciudad donde transcurre la acción, numerosos indicios permiten suponer que se trata de Salamanca, ciudad en la que residió durante muchos años y donde ejerció como profesor y rector de la Universidad.

Niebla pertenece al espíritu renovador de la Generación del 98, grupo de escritores que impulsó una profunda transformación de la cultura española tras la crisis nacional de finales del siglo XIX. En el plano filosófico, la influencia de pensadores como Søren Kierkegaard y Arthur Schopenhauer resulta evidente en las inquietudes existenciales que recorren toda la obra.

La importancia de Niebla trascendió ampliamente su época. Autores como Jorge Luis Borges y Julio Cortázar reconocieron la influencia que ejerció sobre sus propias concepciones de la literatura, especialmente por su audaz tratamiento de los límites entre autor, narrador y personaje.

La obra ha sido adaptada en diversas oportunidades al cine, la televisión y el teatro. Entre las versiones más conocidas figuran la miniserie producida por TVE en 1965, dirigida por Pedro Amalio López; la película Las cuatro novias de Augusto Pérez (1976), de José Jara; y el telefilme dirigido ese mismo año por Fernando Méndez-Leite. Estas adaptaciones han contribuido a mantener vigente una obra que continúa despertando el interés de nuevas generaciones de lectores.

Más de un siglo después de su publicación, Niebla sigue siendo parte fundamental de la literatura en español. Su originalidad formal, la profundidad de sus reflexiones filosóficas y la modernidad de sus planteamientos la convierten en una lectura imprescindible y en una obra que continúa dialogando con los grandes interrogantes de la condición humana.

Juan Laureano Sercov

6 de septiembre de 2026