Por Carlos Fara

Cuando los jugadores argentinos desplegaron la famosa bandera sobre las Malvinas, el presidente, la ministra de seguridad y algunos militantes digitales libertarios tomaron distancia de la actitud. Era lógico: si el presidente es pro Occidente y admirador de Thatcher, no tenía sentido salirse de los carriles de lo deportivo. Pero luego pasaron cosas…
Aunque parezca mentira, eso ocurrió hace escasos 50 días. Después entramos en la polémica sobre la final del Mundial y la supuesta campaña anti Argentina, a lo cual el Javo le dio entidad cuando fue a Brasil a un acto de Bolsonaro Jr., y nos puso en tensión diplomática. Ahora la oportunidad la dio el amigo americano. La circunstancia: un persistente mal humor en la mayoría de la opinión pública basado, sobre todo, en una economía de calle que no arranca, y que dispara interrogantes sobre el resultado electoral de 2027.
¿Fue una jugada astuta la de subirse al ring aprovechando la fibra popular? Sin duda. Es una versión aggiornada del famoso “Si no le podemos dar pan, por lo menos démosle presos”. En este caso sería reivindicación soberanista. Distrajo la agenda de lo esencial, se la impuso a la oposición que se sintió incómoda (un rato). Algunas voces llegaron a decir que la cadena nacional había sido “una de las acciones políticas más inteligentes de su mandato”. ¿Será así? Para sostener semejante afirmación (y no perder la objetividad periodística), se deben analizar los hechos en el mediano y largo plazo, y en una diversidad de enfoques.
La primera cuestión es cómo impacta en la opinión pública. Evaluado el tema en grupos focales propios en las últimas 48 horas alumbran que hubo más oportunismo que elogios. El informe de la consultora Reputación Digital -que dirige el colega José Norte- sobre lo acontecido en redes tampoco vislumbra un balance positivo. La angustia económica no se anula con un gesto de política exterior. La segunda cuestión es que -más allá de que el presidente anunció que iba a aplicar lo que ya estaba establecido- veremos qué hace el bueno de Donald, acostumbrado a fuertes oscilaciones en política exterior (solo como ejemplo, ya lleva varias decenas respecto a Irán desde que empezó el conflicto). La frase “siempre reviso todas las posiciones” es un arma de doble filo. ¿Qué garantiza que mañana no apoye a Gran Bretaña? En definitiva, es muy pronto para evaluaciones temerarias.
¿Fueron la cadena nacional y las decisiones derivadas un triunfo interno del joven maravilla? Posiblemente. Sin embargo, volvamos a lo apuntado en el párrafo anterior: ¿cuánto impacto positivo dejará finalmente en la sociedad lo acontecido, luego del impacto inicial, que tampoco parece haber sido muy halagüeño? Ya no estamos en 1982. La vorágine informativa y las redes pueden barrer todo lo logrado en cuestión de horas.
El león libertario encontró en el fondo de la lata más de 360.000 millones de pesos para aumentar la presencia argentina en el Atlántico Sur en la misma semana que incrementó los sueldos militares y de las fuerzas de seguridad (que siguen perdiendo personal calificado todos los meses debido a los bajos salarios). También nos enteramos de que la recaudación de agosto se mantuvo neutra, aunque sigue bajando el IVA que es coparticipable, lo que delata el frío en el consumo. La base en Ushuaia seguramente se podrá financiar a expensas de las transferencias a las provincias, las cuales disminuyeron un 64 % en los primeros ocho meses del año. Toto dijo que 2027 “va a ser un año super tranquilo”. Pero por las dudas hizo tres cosas: 1) está dejando que circulen más pesos en el mercado, lo cual ha bajado las tasas (para que no se incrementen los morosos), 2) relajó el techo del dólar un poquito (¿le preocupan las importaciones?), y 3) reforzó los subsidios energéticos (las 3 provincias de la región centro tomaron medidas al respecto para que sus industrias no estén tan ahorcadas). Parece que los “campeones” siguen viendo al dólar barato porque el mes de julio tuvo récord de compra de verdes por parte de los particulares. El colchón se está convirtiendo en somier.
En esta semana malvinera, acontecieron tres cosas importantes que quedaron naturalmente opacadas por la expectativa de la cadena nacional presidencial. Una fue el día de la industria, lo cual generó controversias públicas esperables. Está claro que ese sector empresarial está lejos de su capacidad de lobby histórico frente a un gobierno que se considera refundacional, y que tiene su mirada en el boom energético y minero. De todos modos, bajo la superficie ocurren otras cosas para hacer “sana, sana, colita de rana”. Solo podemos anticipar que la mirada es: si cierran más fábricas, hay más desempleo, menos consumo, menos recaudación de impuestos y dolores de cabeza para mantener el superávit fiscal.
La segunda cuestión adicional es la celeridad con que se pusieron a trabajar algunos personajes de la justicia (¡Mahiques conducción!). Esta semana hubo fallo a favor del gobierno respecto al caso Libra, lo salvaron a Toto (y de paso a Mauricio) por la causa del préstamo del FMI y, como si esto fuera poco, se estableció que no hubo estafa al Estado en el uso de subsidios en el transporte de colectivos por parte de la empresa La Nueva Metropol, sino “desvíos operativos”. ¿Quién del gobierno -pero que no es funcionario- tiene intereses en ese negocio? ¡Pero qué maravilla!
La tercera cuestión es el conflicto eterno de Cris vs. Kicillof. Esta semana pletórica de fervor nacionalista hubo documento y acto a favor de la jefa para sondear su candidatura. La juventud maravillosa volvió a cantarle a Axel que “si querés otra canción, vení te presto la mía”. O sea, diría Led Zeppelin, “la canción sigue siendo la misma” (curiosamente el tema fue lanzado en aquel “glorioso” 1973).
Ya tuvimos un presidente que creyó que era un niño mimado del gobierno americano de turno y cometió un error trágico con Malvinas. Por suerte, con todos sus defectos, ahora la democracia está vigente en la Argentina.