El mundo de la locución argentina despidió este miércoles a Marita Monteleone, la histórica “voz del teléfono”, que falleció a los 68 años tras permanecer varios días internada en una unidad de terapia intensiva. Su inconfundible tono acompañó durante décadas a millones de argentinos y se transformó en un símbolo de las telecomunicaciones nacionales.

La noticia generó conmoción entre colegas, oyentes y trabajadores de los medios.
Nacida como María de los Ángeles Araceli Monteleone, construyó una extensa trayectoria profesional en la radio argentina, aunque alcanzó una popularidad masiva cuando se convirtió en la voz institucional de ENTel y posteriormente de Telefónica.
Durante años, millones de personas escucharon sus grabaciones cada vez que realizaban una llamada telefónica. Frases como “La característica marcada se encuentra momentáneamente congestionada”, “La característica recibida es inexistente” o “El número solicitado no corresponde a un abonado en servicio” quedaron grabadas en la memoria colectiva de varias generaciones.
Además de su trabajo en telecomunicaciones, Monteleone desarrolló una destacada carrera en los medios. Trabajó en Radio Mitre, Radio El Mundo, Radio Del Plata, Radio Nacional y Radio La Red, donde dejó su sello como una de las locutoras más reconocidas del país.
Su labor recibió numerosos reconocimientos, entre ellos un Premio Martín Fierro por su desempeño profesional. También fue declarada Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, en reconocimiento a su aporte a los medios de comunicación y a la cultura popular.
El último tiempo, la vida de Marita Monteleone estuvo marcada por problemas de salud y un conflicto familiar que llegó a la Justicia. Hacia finales del 2025, la reconocida locutora permaneció internada durante varios meses en el Centro Gallego de Buenos Aires.
Afectada por diversos problemas físicos, entre ellos una afección en una rodilla que le dificultaba caminar, sostuvo hasta el final una postura inquebrantable: no quería vivir en un geriátrico.
En ese contexto, Marita expresó en distintas oportunidades su deseo de volver al departamento de Caballito,donde había construido gran parte de su vida. También dejó en claro su voluntad de mantener la mayor autonomía posible. Así lo mantuvo hasta su último día.