Cada 30 de mayo es el Día Nacional de la Donación de Órganos, una jornada que pone en primer plano la necesidad de donar para salvar vidas y visibiliza el impacto real que el trasplante tiene en quienes esperan una oportunidad en Argentina.

El Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos se celebra cada 30 de mayo en Argentina. La fecha fue establecida en 1998 por el INCUCAI para conmemorar el nacimiento de Dante, el hijo de la primera paciente que dio a luz en un hospital público argentino luego de recibir un trasplante hepático.
La historia de Justina Lo Cane —fallecida a los 12 años mientras aguardaba un trasplante de corazón— se convirtió en el símbolo de la Ley 27.447, sancionada en 2018. En virtud de este marco legal, todas las personas mayores de edad en Argentina son consideradas donantes presuntos, salvo que hayan expresado su negativa. Para niñas, niños y adolescentes, la determinación recae únicamente en sus familias.
Vera Milovic, directora del Instituto de Trasplante del Hospital Alemán, sostiene: “La donación de órganos no es un acto inhumano, al contrario, expresa la mayor humanidad, tener la capacidad en momentos de gran dolor ante la pérdida imprevista, de pensar en el otro, un desconocido que sufre”. Aclara que la concientización es crucial tanto para combatir el miedo como para superar mitos frecuentes, como el falso vínculo entre donación y comercio de órganos.
9667 personas están inscriptas al día de hoy en lista de espera para recibir un trasplante: de riñón, hepático, cardiaco, pulmón, intestino, trasplantes combinados y trasplantes de tejidos como córnea. Hombres, mujeres y niños que llevan una vida limitada porque una parte de sus cuerpos no funciona bien, y en muchísimos casos afecta su esperanza de vida”, añade Milovic.
Y recuerda otro dato clave: “En 2025 hubo un número récord de donantes: 2.096 cadavéricos y 253 donantes vivos que donaron órganos, por ejemplo un riñón a un familiar. Además, 144 donantes voluntarios donaron médula ósea para pacientes argentinos o de otra nacionalidad, desconocidos que podían curarse con sus células”.
Abundan historias de pacientes que atravesaron años de tratamientos como diálisis o múltiples internaciones y que, tras recibir un órgano, recuperaron una vida plena junto a sus familias.