Cada 28 de abril, la Organización Internacional del Trabajo promueve esta fecha para sensibilizar sobre la prevención de accidentes y enfermedades laborales en los diversos sectores productivos.

Declarada por la Organización Internacional del Trabajo en 2003, esta fecha recuerda a los 28 trabajadores que en 1987 perdieron la vida durante un accidente en Bridgeport (Connecticut, Estados Unidos), con el fin de sensibilizar y promover el trabajo seguro, saludable y digno.
Cada año, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) propone un eje temático específico y publica informes técnicos que orientan las acciones globales de prevención. La fecha también coincide con el Día Internacional en Memoria de los Trabajadores Fallecidos y Heridos, una efeméride impulsada por el movimiento sindical para recordar a quienes han perdido la vida o han sufrido daños a consecuencia de su empleo.
La OIT, fundada en 1919 y con sede en Ginebra (Suiza), es la agencia de Naciones Unidas responsable de promover los derechos laborales y fomentar condiciones de trabajo dignas. La fecha del 28 de abril fue elegida para coincidir con el Día Internacional en Memoria de los Trabajadores Fallecidos y Heridos, una iniciativa surgida en 1996 por parte de organizaciones sindicales que buscaban rendir homenaje a las víctimas de accidentes y enfermedades profesionales.
El reconocimiento oficial de esta jornada por parte de la OIT se produjo en 2003, cuando se decidió institucionalizarla como un día de reflexión y acción global. Desde entonces, el 28 de abril se ha convertido en una fecha de referencia para gobiernos, empleadores y trabajadores que buscan mejorar la seguridad en los puestos de trabajo y garantizar la salud ocupacional.
La OIT insiste en que la responsabilidad de proteger a los trabajadores recae tanto en los empleadores como en los Estados, quienes deben garantizar la existencia de leyes, servicios y sistemas de inspección efectivos. En países desarrollados y en vías de desarrollo, la adopción de tecnologías seguras, la formación de los trabajadores y la vigilancia de la salud ocupacional han demostrado ser estrategias eficaces para minimizar el impacto de los riesgos profesionales.