Qué leo hoy:  De ratones y hombres de John Steinbeck

John Ernst Steinbeck Jr. nació en Salinas, California, el 27 de febrero de 1902. Hijo de un funcionario estatal, tesorero del condado y de una maestra, obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1962, los expertos dicen que, en buena medida por el compromiso social que plasmó en su obra. 

Su primera novela, “La taza de oro” (1929), la escribió en el lago Tahoe, luego de un viaje frustrado a Nueva York, en ella narra un romance histórico del pirata Morgan y fue un fracaso comercial, la escritura distaba del realismo que más tarde lo haría célebre. Sus obras extensas y más conocidas fueron llevadas al cine: “Las uvas de la ira” en 1940 dirigida por John Ford y protagonizada por Henry Fonda, Jane Darwell y John Carradine y “Al este del Edén”, un drama de 1955 dirigida por Elia Kazan y protagonizada por James Dean en su primer papel protagónico junto a Julie Harris y Raymond Massey.

En “Las uvas de la ira” (1939), título que evoca un sentido bíblico, una familia de campesinos es expulsada de sus tierras cuando la maquinaria agrícola y los bancos transforman el campo. La novela nació, en parte, de los artículos periodísticos que Steinbeck escribió sobre las oleadas de trabajadores que llegaban a California y despertó encendidas polémicas políticas. A tal punto que, fue acusado de agitador. En esencia describe cómo las familias empobrecidas emprenden el camino hacia el oeste en busca de un futuro mejor, convirtiendo el viaje en una verdadera epopeya. Es una crónica de la ruta 66, desde las tierras de Oklahoma hasta California,  donde transitaban familias en busca de mejores condiciones de vida.

Por momentos, la novela adquiere un tono marcadamente político. En uno de los diálogos aparece esta conocida reflexión: «Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aun así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, créeme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar».

En “Al este del Edén” (1952), el propio título sugiere que el Edén ha quedado atrás y que el oeste representa el paraíso perdido. La novela sigue a dos familias, sus vidas y sus conflictos, muchos de ellos provocados por la ambición económica propia de la cultura estadounidense, que Steinbeck cuestiona. Su mirada se distancia del sueño americano y expone las injusticias sufridas por los campesinos.  La historia abarca tres generaciones en el valle de Salinas, desde la Guerra de Secesión hasta la Primera Guerra Mundial. Entrelaza las vidas de los Hamilton, la familia materna del propio autor y los Trask.  La trama principal funciona como una reinterpretación moderna del mito de Caín y Abel y la caída de Adán y Eva del paraíso. 

Es imposible comprender a Steinbeck sin mencionar a Edward F. Ricketts, biólogo marino, filósofo y gran amigo del escritor que le enseñó a observar la realidad tal como es, sin juzgarla a partir de causas o fines predeterminados ni imponer una moralidad externa sobre los hechos naturales. Esta perspectiva científica, trasladada a la sociología, permitió a Steinbeck escribir sobre prostitutas, borrachos y huelguistas sin condenarlos moralmente, presentándolos como partes de un ecosistema social. Para los expertos, junto a la Biblia y las leyendas artúricas, la biología de Ricketts constituye la tercera pata de la mesa literaria de Jhon Steinbeck.

Toda su prolífica obra es recomendable, aunque bien se puede comenzar por la novela breve  “De ratones y hombres”, de argumento aparentemente sencillo, pero de enorme fuerza emocional. Escrita con un estilo directo, retrata con crudeza la vida de los jornaleros durante la Gran Depresión estadounidense, una realidad que Steinbeck conoció de primera mano. Aunque estudió en la Universidad de Stanford, donde ingresó en 1919 presionado por sus padres y permaneció seis años sin graduarse, desde muy joven tuvo que trabajar como albañil, jornalero rural, agrimensor y empleado de tienda.

La historia comienza en el sur de California, a orillas del río Salinas, cerca de Soledad. Allí llegan George Milton y Lennie Small, dos trabajadores itinerantes que recorren las granjas en busca de empleo. Como tantos otros, pertenecen a una clase obrera empobrecida, sin estabilidad ni hogar fijo, obligados a vivir en las barracas destinadas a los peones mientras dura el trabajo. En medio de esa existencia precaria conservan un sueño que los mantiene en pie: tener algún día su propia granja y dejar de depender de los demás.

La relación entre ambos es el verdadero corazón de la novela. Antes de morir, la tía de Lennie pidió a George que cuidara de su sobrino, y él asumió esa responsabilidad con una mezcla de afecto, paciencia y resignación. George es inteligente, práctico y astuto; Lennie, en cambio, posee una fuerza física extraordinaria que no sabe controlar, es bondadoso, ingenuo y casi infantil, suele acariciar pequeños animales —como los ratones que tanto le gustan— sin advertir que termina matándolos accidentalmente. Esa combinación de inocencia y fuerza desmedida convierte cada uno de sus actos en un problema y una amenaza involuntaria. Mientras George representa la razón, Lennie encarna la inocencia: juntos forman un equilibrio tan frágil como entrañable.

Aunque la novela aborda el mundo del trabajo rural y las consecuencias de la pobreza, su verdadero eje es la amistad. Es el retrato de un vínculo excepcional entre dos hombres que solo se tienen el uno al otro en un mundo marcado por la incertidumbre. Al mismo tiempo, Steinbeck construye una aguda crítica al sistema económico de su época y aborda temas que siguen vigentes: la soledad, las diferencias de clase, el racismo, la discriminación, la situación de la mujer y la fragilidad de quienes quedan al margen de la sociedad.

Es una historia dura y profundamente conmovedora, que avanza con una tensión constante hasta desembocar en uno de los finales más impactantes de la literatura del siglo XX. Fue llevada al cine en 1939 por el director Lewis Milestone con las actuaciones de Burgess Meredith y Lon Chaney Jr. y en 1992 Gary Sinise como actor y director junto a  John Malkovich acompañados por Ray Walston y Casey Siemaszko hace una versión que la crítica dice ser más fiel al libro que la primera versión. 

No resulta extraño que la novela haya influido en numerosos escritores posteriores. Stephen King, por ejemplo, le rinde un claro homenaje en 11.22.63, retomando algunos de sus temas y la intensidad emocional de la relación entre sus protagonistas.

La prosa de Steinbeck posee un fuerte componente alegórico y espiritual, sustentado en la piedad y el interés del autor por los desfavorecidos. Parte de la crítica lo ha acusado de sentimentalismo e incluso de cierto didactismo velado en algunos personajes, sobre todo en las mujeres. Sus ideas socialistas estaban más vinculadas con la emancipación reformista evangélica del siglo XIX que con la literatura marxista. Su obra documentó el sufrimiento económico de una época y diseccionó la soledad, la camaradería y la ineludible conexión entre el hombre y su entorno.

Steinbeck escribió con la precisión de un naturalista y la compasión de un santo laico. Su prosa dio voz a quienes habían sido silenciados por la maquinaria del progreso industrial: los granjeros desplazados, los vagabundos filosóficos y los soñadores quebrados, presentes en casi toda su obra.  

Juan Laureano Sercov 11 de Octubre de 2026