Una de cal y una de arena en materia económica

El 12 de agosto, Luciano Román publicaba en La Nación un artículo titulado “Desilusión sin nostalgia: señales de un cambio en el humor social”, donde se preguntaba si ¿se ensancha el universo de los decepcionados?, aun entre quienes apoyan el rumbo económico señalado por el gobierno.

Es evidente que observamos una oleada de cambio confirmada por la encuesta del Monitor del Humor Social y Político D’Alessio Irol/Berensztein. El estudio mensual de agosto muestra que solo una de cada tres personas considera que la economía del país está mejor que hace un año, mientras que el 67% sostiene que está peor. También se debilita mes a mes la expectativa de una mejora futura: apenas el 37% de los encuestados cree que la situación económica mejorará dentro de un año.

El consultor Eduardo D’Alessio señala que “aunque parezca paradójico, existe la situación de que el horizonte es menos auspicioso este mes que el mes anterior, pero la imagen de gestión de gobierno de Milei no se ha modificado”. Las principales preocupaciones sociales continúan asociadas al bolsillo. Las mayores alertas están vinculadas con el costo de los servicios públicos, la posibilidad de que los ingresos no alcancen para mantener el nivel de vida y la incertidumbre económica. 

Son fundamentales el empleo y el nivel de actividad, aunque los sectores dinámicos del modelo —el agro, la minería y la energía, a través del gas y el petróleo— solo generan el 8% del empleo registrado. Ya no preocupa tanto la desaceleración de la inflación, que el Indec midió en agosto en 1,7%, 21,3% en los primeros ocho meses y 33,5% interanual.

Volviendo a la encuesta, la sociedad percibe que los precios han aumentado más que los ingresos y, dentro de ese deterioro, los servicios públicos regulados ocupan un lugar protagónico, especialmente por la proporción creciente que representan en el ingreso de la clase media. Solo un 4% de los consultados señaló que los ingresos de su hogar aumentaron más que los precios respecto de un año atrás. 

El 93% de los entrevistados tiene pagos, cuotas o compromisos económicos que deben afrontar periódicamente, principalmente por incidencia de los servicios públicos (75%), telefonía celular y/o internet (72%), compras realizadas con tarjeta de crédito (54%) e impuestos, tasas o planes de pago (51%), entre otros. También uno de cada siete encuestados registra en su entorno casos de personas con deudas vinculadas al juego que crecen a nivel alarmante en el país.

En este escenario, la imagen positiva del presidente Javier Milei cayó a un piso de 34%, seis puntos por debajo de la del gobernador Axel Kicillof y de la diputada de izquierda Myriam Bregman, ambos con 40%. El ranking de funcionarios y personas “públicas” es encabezado por el exjefe de Gabinete Guillermo Francos (45%), seguido por la senadora Patricia Bullrich (43%). 

En el último sondeo de Aresco, otra consultora, dos tercios de los encuestados evalúan negativamente la situación económica (67% desfavorable, 33% favorable) y las expectativas negativas llegan al 57%. “Hace meses que la economía es percibida establemente mal. Ni mejora la evaluación presente, ni las expectativas”, dice Federico Aurelio coincidente con la medición de D’Alessio/Berensztein. 

Mientras que la encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, realizada entre el 3 y el 9 de septiembre de 2026 entre los principales hallazgos señala: “La insatisfacción predomina con un 69%, mientras que la satisfacción se ubica en un 29%. Sigue la oscilación de mes  en mes.  El gobierno de Javier Milei registra un 35% de aprobación y un 61% de desaprobación. Al parecer se ha estabilizado desde hace unos meses, en especial desde el final de la gestión Adorni”.

Dejando de lado las encuestas, en la prensa, hay predominio de cuestiones negativas. La economía tiene vaivenes que a la hora de ver su evolución forma un “serrucho”. Son pocos los sectores que crecen con fuerza —energía, minería, agro y bancos—, mientras que otros con alto peso en el empleo y el consumo —comercio, industria y construcción— caen, están estancados o crecen muy poco y no recuperan los niveles de 2023. Apenas 1,9% creció el EMAE, que anticipa la medición anual del PBI, en el primer semestre.

Para Francisco Jueguen “fueron seis meses que hicieron tambalear una idea fundamental de cara a las elecciones de 2027: que el modelo libertario, además de más libertad, traerá prosperidad. El bolsillo habla y el combo de inflación, salarios, jubilaciones, pobreza, empleo y actividad no ayudó.  El primer semestre del año golpeó de lleno en la principal bandera del gobierno de Javier Milei. La inflación, que ya se venía acelerando desde fines de 2025, tuvo un primer trimestre para el olvido. De hecho, ahora que está en boga el debate del proyecto de presupuesto en el Congreso, vale recordar que en abril ya se había superado la meta estimada para todo 2026.”

El desempleo del segundo trimestre de 2026 pasó de 7,6% a 7,9%. Si bien no ha cambiado sustancialmente, adentrándonos en las cifras, se observa más cuentapropismo e informalidad frente a la caída del empleo formal lo cual no es un dato positivo. En Mar del Plata subió de 9,3%  al 9,9%, afecta a 34 mil personas y marca un fuerte incremento respecto al mismo período del año pasado cuando fue de 6,3%. 

El 24/09 se conocerá la EPH del Indec que mostrará los datos de pobreza e indigencia del primer semestre 2026. El Gobierno admite que la pobreza saltará dos o tres puntos desde el cierre del año pasado en 28,2%. Esto quiere decir que desde la última medición se sumaron 1,7 millones de personas, según consultoras privadas. Un resumen monumental nos diría que estamos mejor que a fines de 2023 pero peor que en el segundo semestre del 2025.  

La elevada dolarización de los argentinos pone un límite al margen de maniobra oficial y constituye una traba para la recuperación de la economía. Los datos del balance cambiario de julio del BCRA muestran que en julio la compra neta de dólares de los argentinos ascendió a u$s 3.100 millones, frente a los u$s 2.000 millones promedio desde principios de año. Un tercio se destinó al colchón, otro tercio a pagar gastos con tarjeta en el exterior y el restante quedó depositado en el sistema financiero. En agosto, el BCRA adquirió solo u$s 700 millones, la menor compra del año, para evitar convalidar un tipo de cambio más alto.

Mientras la sociedad critica con legítimas razones los resultados de la gestión, observamos algo positivo, que pasa desapercibido y que vale la pena describir a pesar del contexto internacional tremendamente convulsionado, a partir de un recordatorio histórico: Los tres últimos gobiernos encabezados por Cristina Fernández, Mauricio Macri y Alberto Fernández atravesaron crisis económicas complejas en el tercer año de mandato y luego perdieron las elecciones presidenciales siguientes, en las que cambió el signo político del poder. En principio, la alternancia es buena, pero no cuando está forzada por crisis que se desatan en el tercer año de gestión.

En 2014, Axel Kicillof era ministro de Economía y Juan Carlos Fábrega estaba al frente del banco central. El rumor o “relato” daba cuenta de que existía una maniobra especulativa de la petrolera Shell, dirigida en Argentina por Juan José Aranguren, que derivó en una devaluación de la moneda, con el resultado ortodoxo de aceleración de la inflación y entrada en recesión. Como señala Maximiliano Montenegro, Juan Carlos Fábrega admitió más tarde que fue un ajuste necesario para llegar al final del mandato sin una crisis de divisas mayor. El resultado conocido fue el triunfo de Mauricio Macri frente a Daniel Scioli en las elecciones presidenciales.

Según cuenta Federico Sturzenegger, “hasta fines del 2017 la economía iba bien, pero los medios de comunicación instalaron la idea de que todo iba mal y eso caló tan hondo que el gobierno perdió el rumbo”. Precisamente el Día de los Inocentes, el 28 de diciembre de 2017, Federico Sturzenegger, Luis Caputo, Nicolás Dujovne y Marcos Peña anunciaron el relajamiento de las metas de inflación del BCRA, intentando resolver inconsistencias como el atraso cambiario y el déficit de cuenta corriente, producto de una política monetaria rígida y una política fiscal laxa. Meses después se disparó una corrida cambiaria que terminaría con las aspiraciones de Mauricio Macri a la reelección. Las consecuencias fueron la aceleración inflacionaria y dos años consecutivos de recesión con el triunfo de Alberto Fernández en las elecciones presidenciales de 2019.

En 2022, en el tercer año de gestión de Alberto Fernández, parecía que en cualquier momento iba a estallar lo que los economistas advertían desde hacía tiempo: el costo de sostener el déficit fiscal mediante emisión y luego esterilizar el exceso de pesos con bonos, que formaba una bola de nieve que descendía de lo alto de la montaña. Esa “bomba de pesos” renovable cada vez a períodos más cortos y con tasas más altas aceleró la salida de Martín Guzmán —a quien, sus colegas, en el propio ministerio llamaban Mister Magoo, por cómo esquivaba las situaciones complejas—. Tras el breve paso de Batakis y la llegada de emergencia de Sergio Massa al frente del Ministerio de Economía, se logró estirar la agonía hasta la derrota electoral de 2023, dejando sin resolver el problema que quedó como herencia para el gobierno siguiente.

Dice Maximiliano Montenegro: “Durante el tercer año de gestión, Milei no tiene por delante ninguna crisis cambiaria ni aceleración inflacionaria” a pesar de que el frente externo, guerra entre Rusia y Ucrania, entre EEUU e Irán, por el control petrolero, La irrupción de una discusión existencial entre las empresas de IA en las principales bolsas del mundo, suba de la tasa de interés de referencia de la FED es totalmente conflictivo. Para Argentina  “El frente externo luce totalmente estabilizado, el Banco Central ya adquirió u$s 14.000 millones en lo que va del año, sigue comprando reservas y el riesgo país está anclado alrededor de 500 puntos. La desinflación, a su vez, retomó su curso y apunta debajo del 2% en los próximos meses. El superávit fiscal primario y el superávit comercial —que alcanzaría este año un récord de u$s 25.000 millones, con precios extraordinarios de la energía, supercosecha y muy buenos precios del campo— son los diques de contención de la estabilidad”.

Se percibe una dualidad, el dólar duerme, la mora y la inflación están en guarismos altos, aunque algo ceden, pero la economía se enfría, “una de cal y una de arena” según el lugar donde se pare el observador para realizar críticas o elogios. 

Hay cierta parálisis por parte de los funcionarios. La elevada dolarización de los argentinos muestra que nunca se terminó de recomponer la CONFIANZA, y la dupla Caputo-Bausili no se animan a inyectar pesos a una economía que se quedó sin combustible. “El gran pedazo de la economía que no anda necesita más pesos, está trabado: hay pocos pesos circulando (en términos reales), el crédito está frenado, la mora es alta y los salarios reales y las jubilaciones están bajos”, explican desde la consultora Macroview, de Carlos Melconian, Rodolfo Santangelo y Pablo Goldin. Y agregan: “El BCRA tenía como objetivo para 2026 remonetizar la economía comprando dólares y emitiendo pesos. Pero no resultó. Compró muchos dólares, pero los pesos que emitió casi no quedaron en el mercado. Fueron absorbidos por sobre colocaciones del Tesoro y ventas de letras para cobertura cambiaria del BCRA. La cantidad real de pesos es hoy más baja que hace un año y mucho más baja que el promedio de los últimos años”.

Los anuncios de nuevos créditos hipotecarios, créditos del Banco Nación para la compra de autos y créditos en dólares a empresas son medidas bienvenidas, pero su grandilocuencia no condicen con su efectividad, difícilmente  muevan el amperímetro de la actividad, actúan en el margen y no cambian la situación actual.  El tema de fondo es que, tras la corrida cambiaria del año pasado, el sistema financiero está lejos de normalizarse y difícilmente impulse la recuperación como lo hizo en 2024.

Por otra parte, el presidente Milei está preso de sus opiniones vertidas previamente. Muchos no le creen; sin embargo, es entendible que no pueda cambiar porque, si lo hiciera, tampoco le creerían los propios y perdería seguramente las próximas elecciones. Eso explica por qué, al mejor estilo kirchnerista, redobla la apuesta.  Mientras que comienza a posicionarse la Senadora Patricia Bullrich que toma protagonismo, criticando desde adentro, en una jugada que puede conformar la dupla (Presidente y Vice) para el año próximo

Tal vez, Milei no quiera cambiar;  si es así, le recomendamos releer El Gatopardo, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa, donde, en una conversación entre Fabrizio Corbera, príncipe de Salina, y su ambicioso sobrino Tancredi, se expresa la célebre frase: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.

José Luis Stella

Licenciado en Economía

20 de Septiembre de 2026