Qué leo hoy: Benito Cereno y Bartleby, el escribiente de Herman Melville

Herman Melville nació y murió en Nueva York (1819-1891). A los trece años perdió a su padre y debió trabajar como oficinista y maestro para ayudar a su familia compuesta por la madre y siete hermanos. A los diecinueve se embarcó como mayordomo en un buque de pasajeros que unía Nueva York con Liverpool.

Tres años después se alistó en el ballenero Acushnet, que zarpó desde Nantucket. Aquella experiencia marcaría su vida y su literatura. La dureza de su capitán lo llevó a participar en un motín y a desertar en las Islas Marquesas, en el Pacífico. Allí permaneció alrededor de un mes y medio entre indígenas a quienes la imaginación occidental calificaba de caníbales, aunque en realidad lo acogieron hasta que fue rescatado por un barco australiano.

De regreso en Nueva York publicó en 1846 Typee, su primer libro, inspirado en esa aventura. Continuó escribiendo y, seis años después de su viaje en el ballenero, apareció Moby Dick (1851). Paradójicamente, la novela pasó casi inadvertida en su tiempo y el reconocimiento que hoy la convierte en una obra cumbre de la literatura llegó varias décadas después de su muerte.

La moral, la religión, el mar, la soledad, la desesperación y los grandes interrogantes sobre la condición humana atraviesan toda la obra de Melville.

Hoy quiero detenerme en dos de sus textos más memorables, no tan conocidos, y menos extensos que Moby Dick: el cuento “Bartleby, el escribiente”, de apenas sesenta páginas y de libre acceso en internet, y la novela corta “Benito Cereno”. Dos obras extraordinarias, nacidas de una inteligencia literaria excepcional.

Benito Cereno es considerada por muchos una de las obras maestras de la literatura universal. En ella convergen temas de enorme profundidad: el racismo, la esclavitud, el conflicto entre el bien y el mal, el pecado, el sufrimiento y la muerte, todo ello en un escenario que Melville conocía como pocos: el mar.

La historia transcurre frente a las costas de Chile, en 1799. El capitán estadounidense Amasa Delano, al mando de un barco mercante equipado para la caza de focas, permanece anclado en la isla Santa María cuando observa el ingreso de una nave española, el San Dominick, que avanza sin bandera y parece dirigirse peligrosamente hacia un arrecife.

Ante la sospecha de que se trata de un barco a la deriva, Delano decide abordarlo. Lo que encuentra allí lo desconcierta: una extraña convivencia entre blancos y esclavos negros, una tripulación desorganizada y un capitán, Benito Cereno, visiblemente abatido. Acompañado por su criado Babo; Cereno le relata que el barco ha sufrido una larga deriva y que las enfermedades diezmaron a la tripulación. Compadecido, Delano envía alimentos y ofrece su ayuda.

Sin embargo, tras diversas peripecias propias de un rescate marítimo, Benito Cereno realiza una declaración que revela la verdad de los hechos. El relato inicial se desmorona y sale a la luz una historia muy distinta: una rebelión de esclavos, un complot cuidadosamente ocultado y una tensión permanente que el lector, al igual que Delano, no había logrado comprender.

La obra ha generado interpretaciones muy diversas. Para algunos críticos y escritores, entre ellos Borges, constituye una auténtica obra maestra; para otros, es un texto fallido. Quizás Borges haya dado una de las claves cuando afirmó que «Melville se propuso escribir un texto deliberadamente inexplicable, símbolo cabal de este mundo, que también es inexplicable».

También recomiendo leer Bartleby, el escribiente, otro relato profundamente enigmático. La historia comienza cuando un abogado, que además es el narrador, publica un aviso para contratar a un copista. Quien responde es Bartleby, descrito con una frase inolvidable: «¡Pálidamente pulcro, lastimosamente respetable, incurablemente desamparado!».

Al principio Bartleby trabaja con una dedicación ejemplar. Es meticuloso, silencioso y extraordinariamente eficiente. Pero un día, cuando se le pide colaborar en la revisión de unas copias, responde con una frase que se volvería inmortal: «Preferiría no hacerlo».

Ese sencillo rechazo altera por completo la rutina de la oficina. Sus compañeros —Turkey, un empleado mayor; Nippers, un joven de veinticinco años; y Ginger Nut, un muchacho de doce— reaccionan con indignación. El abogado, desconcertado, intenta comprender a ese hombre que se resiste sin violencia, sin explicaciones y sin enfrentamientos abiertos.

Durante más de ciento setenta años se han escrito innumerables interpretaciones sobre este cuento. Algunos consideran que se trata de una ironía de Melville; otros ven en Bartleby una forma de resistencia pasiva capaz de transformar, más que enfrentarse, a quien ejerce la autoridad. También puede leerse como una crítica a la deshumanización del trabajo de oficina, a la alienación laboral y al vacío de una existencia mecánica.

Albert Camus llegó a considerar Bartleby como el primer gran relato existencialista. En él aparecen cuestiones que también desarrollarán Camus y Pessoa: la angustia, el aburrimiento, la inacción, el vacío existencial y la dificultad de encontrar sentido a la vida.

En el relato también están presentes la culpa, la impotencia y, finalmente, la compasión. Nunca conocemos las verdaderas razones de la conducta del escribiente, y precisamente por ello Bartleby termina convirtiéndose en un símbolo de la alienación, la inadaptación y la rebeldía silenciosa frente a las normas impuestas. Su célebre «Preferiría no hacerlo» continúa resonando con una vigencia sorprendente.

No es casual que la historia transcurra en el Wall Street del siglo XIX, emblema de la búsqueda incesante del éxito económico. Muchos lectores han visto en esa oficina una forma de encierro y en Bartleby la negación de un sistema que reduce al ser humano a una función.

En 1970 se estrenó una adaptación cinematográfica de Bartleby, protagonizada por Paul Scofield, John McEnery y Thorley Walters, que puede encontrarse en YouTube.

Una novela corta y un cuento que invita a reflexionar sobre la condición humana. Dos obras que, más de siglo y medio después de haber sido escritas, siguen interpelando al lector con la misma intensidad.

Juan Laureano Sercov 26/07/2026