
Roberto Bolaño ha dicho que Raymond Carver era el mejor escritor de relatos del siglo XX como Chejov lo fue a finales del siglo XIX. Se lo ha clasificado como perteneciente a la corriente de la primera mitad del siglo XX llamada “realismo sucio”. John Gardner, novelista y ensayista fue su maestro. Escribió cuentos, ensayos y poesía.
Un día de agosto de 1998 Alessandro Baricco, el autor de Seda, leyó al pasar una nota aparecida en The New York Times donde evidenciaba que los memorables finales de Carver, considerado el Chejov estadounidense, se debían a la tijera de Gordon Lish, el todopoderoso editor. El artículo le despertó curiosidad e investigó, viajó a Bloomington, se instaló en la biblioteca, leyó a fondo, comparó, anotó y finalmente comprobó que el editor había eliminado casi el cincuenta por ciento de los originales carverianos y cambiado el final de por lo menos diez de trece cuentos, entre ellos “Por qué no bailan” el primer texto que el escritor compuso cuando dejó de beber, pero también “Diles a las mujeres que nos vamos” y “Una cosa más”, todos compilados en “De qué hablamos cuando hablamos de amor”.
A partir de la investigación de Baricco, distintas voces se expresaron. Stephen King, a quien es difícil callar, llegó a decir que Carver nunca había trabajado, que fue mantenido por su primera esposa Maryann Burk, cuya vida posterior al divorcio se convirtió, según King, en “una bolsa de picaportes que no sirven para abrir ninguna puerta”. Agregó que Maryann acusó a Carver de haberse vuelto “una puta vendida al sistema” por aceptar que sus cuentos se publicaran con cambios. Muchos lo acusaron de impostor mientras sus seguidores seguían perplejos.
El tema fue in crescendo, Mori Ponsowy en La Nación el 12-08-2012 mencionaba: “el enojo que yo había sentido cuando me di cuenta de que el traductor parecía haber decidido cambiar el estilo de uno de los mejores cuentistas norteamericanos del siglo XX” incluso consultado el traductor, lo admitía y agregaba otra piedra en el zapato de los lectores. Jesús Zulaika traductor de Carver también era traductor de William Faulkner, Truman Capote, Jack Kerouac, Ian McEwan, Vladimir Nabokov, Kazuo Ishiguro, entre otros. Y uno piensa en los cambios que puede haber realizado en dichas traducciones. Contaba Ricardo Piglia que cuando Borges tradujo en 1940 Las Palmeras salvajes de William Faulkner publicada inicialmente por la editorial Losada en Buenos Aires Borges confesó cierta aversión por el estilo psicológico de Faulkner, realizó el encargo y adaptó la prosa del autor estadounidense al español, la traducción generó una controversia porque presenta modificaciones, incluyendo la posible inserción de elementos de su propio estilo o la suavización de ciertos aspectos de la trama para ajustarse a las normas de la época.
La prensa especializada consultó a Maryann, ahora fallecida, quien recordó que en un breve texto publicado en la Argentina por editorial Norma: La vida de mi padre y Cinco ensayos y una meditación, Carver mencionó a John Gardner y al mismísimo Lish como sus únicos y excluyentes maestros, lo que confirmaba la situación. A posteriori Tess Gallagher, también poeta, acompañó al escritor en los últimos diez años de su vida y mencionó que Raymond había vuelto a beber, lo ayudó a dejar su adicción al alcohol y junto a ella publicó Catedral, para mí, su más importante libro de cuentos.
A los seguidores de Carver no les queda otra que rendirse a la evidencia. Parece ser que con los tijeretazos de Lish en los relatos, los mismos mejoran sustancialmente. En el 2007 Tess Gallagher viuda del escritor, publica Principiantes (Anagrama) con la versión original de sus cuentos, sin los cambios que había realizado Lish en la edición, lo que permite descubrir al Carver esencial y aprovechar para comparar con lo publicado antes. Se confirma que Lish había cambiado nombres de los personajes, reducido la extensión de los cuentos, alterado los finales. Si la obra del autor se enriqueció gracias a Lish, si Carver es más Carver por eso, eso no disminuye la valía de su producción literaria. ¿Hace falta aclarar que nadie puede sacarle espinas a una rosa invisible? Carver es el jardín de instantes memorables, con flores cortadas incluidas. Gordon Lish ha sido un buen jardinero y como tal debería ser considerado. Por algo existen en las editoriales los cargos de editor y traductor. Mucho depende de ellos el resultado final de un texto que nunca es absolutamente propio.
Raymond Carver nació un 25 de mayo de 1938 en Clatskanie, Oregón, y falleció de cáncer de pulmón el 2 de agosto de 1988 a la edad de 50 años, en Port Angeles, Washington. Se casó muy joven a los diecinueve años. Muchos de los cuentos, reflejan situaciones de su vida, por ejemplo “Una cosa más” que cuenta la historia de un alcohólico que es expulsado de la casa por su esposa y su hija, Maxine y Bea, respectivamente.
A pesar de todo, la figura luminosa de Raymond Carver sigue reinando. Sus lectores incondicionales tienen ahora dos nuevas razones para ahondar en su obra. La primera es el libro titulado “Sin heroísmos, por favor” con prólogo de Tess Gallagher, que reúne poemas, ensayos y otros escritos aparecidos en revistas y diarios. El título alude a una carta de Chéjov donde el autor ruso postula que para escribir bien no hace falta viajar al ártico y caer de un iceberg. “Mis personajes no son héroes -advertía- comen sopa de repollo, se pelean con la mujer y luego van a dormir.” Carver afirmó que al leerlo empezó a ver las cosas de otro modo.
Recomiendo Catedral de 1983 un libro de unas doscientas páginas, con doce cuentos al mejor estilo Carver, que tiene siempre la presencia latente de alguna amenaza, siempre tensión, y la sensación de que algo importante puede llegar a pasar. Sus personajes son gente común, gente ordinaria, que transitan por sus propias miserias, trabajadores, empleados, parejas en crisis, todos golpeados por la vida. Su escritura tiene una técnica seca, directa y se lo considera el maestro de lo no dicho, el estilo minimalista, certero y directo. Su escritura tiene mucha sugerencia, todo es sutil.
Juan Laureano Sercov 28 de Junio de 2026