
Alisa Zinóvievna Rosenbaum, conocida como Ayn Rand, nació en San Petersburgo el 2 de febrero de 1905. Veinte años después, en 1925, emigró a EEUU y no regresó más a su país natal. Sus principales publicaciones datan de 1936 “Los que vivimos”, su primera novela luego “Himno” en 1938, “El Manantial” en 1943 y “La Rebelión de Atlas” en 1957.
Destaco dos libros de las cuatro novelas mencionadas: El Manantial llevada al cine en la década del cincuenta, que todavía se puede ver en blanco y negro dirigida por King Vidor y elenco compuesto por Gary Cooper (Howard Roark), Patricia Neal (Dominique Francon), Raymond Massey (Gail Wynand) y Kent Smith (Peter Keating). Y La Rebelión de Atlas, del cual se hizo una trilogía o película en tres partes entre el 2011 y 2014.
Rand, a quien le atraía el espectáculo ya que pensaba trabajar en cine, con sus novelas cumplió parcialmente sus objetivos. Defendía el egoísmo racional, el individualismo, y el capitalismo con base en el laissez-faire, argumentando que es el único sistema económico que le permite al hombre vivir como ser humano, en uso de su facultad de razonar. Rechazaba el socialismo, el altruismo y la religión. No es para menos que odiara al socialismo ya que el régimen comunista le había expropiado a sus padres la farmacia que era la fuente de ingresos de su familia y que la hizo emigrar de Rusia.
Las ideas plasmadas en sus novelas crearon una corriente filosófica que se llamó El Objetivismo.
La Rebelión de Atlas es su obra emblemática de algo más de mil páginas, trata de un paro empresarial llevado hasta sus últimas consecuencias contra el intervencionismo: “La historia se ubica en un presente distópico en los Estados Unidos. La familia Taggart maneja una poderosa ferroviaria. La joya de la corona es el transporte de cobre desde unas minas en México, propiedad de un noble europeo, Francisco D´Anconia, que se exilió y, según cuenta Rand, inició su periplo latinoamericano en la Argentina. El aristócrata invirtió 15 millones de dólares. Semejante suma se convierte en la nada cuando el gobierno mexicano expropió las minas y el ferrocarril de los Taggart. “Individuos vs. saqueadores” El tema central de la novela pasa por demostrar una frase atribuida a Churchill, según la cual “muchos miran al empresario como el lobo que hay que abatir, otros lo miran como la vaca que hay que ordeñar y muy pocos lo miran como el caballo que tira del carro”. Rand se propuso mostrar las consecuencias de un Estado saqueador (la palabra “saqueador” es una de las que más aparece en el libro) ante lo que es un lockout patronal, expresa Juan Pablo Csipka, en página12 el 12 de Mayo de 2023
Fue considerado, según una encuesta realizada a pedido del Congreso de EEUU como el libro, después de La Biblia, más influyente en la sociedad estadounidense en el siglo XX.
Curiosamente, Rand tenía pensado como título La huelga, lo que sin duda establece una curiosa conexión con los días que vivimos. Junto con importantes economistas como Ludwig Von Mises, Murray Rotbard, Israel Kirzner y Hans Sennholz, la escritura rusa se constituyó con su obra como una de las máximas referentes del movimiento libertario y de la “batalla cultural” que esgrime actualmente el presidente Javier Milei.
Las primeras pinceladas de sus ideas se dieron en sus libros editados previamente. En El Manantial el personaje central es Howard Roark, un arquitecto brillante, intransigente con sus ideales, que pasa por diversas prácticas frustradas. En sus lugares de trabajo observa a sus colegas que copian planos, toman trabajos con prácticas, a veces, corruptas. Muchos proyectos son ganados por profesionales que sobornan a funcionarios, mientras que Roark es un hombre puro, decidido a no venderse y que se mantiene virgen de contaminación. Batalla contra los prejuicios, contra la corrupción, transforma su pelea en una batalla épica, es el hombre ideal, de espíritu único, que lucha contra personas mediocres. El libro lo presenta solo contra el mundo. Trabaja en varios estudios de arquitectura, incluso en una cantera, y se enamora de Dominique Francon, hija de uno de sus tantos patrones.
La novela se divide en cuatro partes, cada una profundiza el comportamiento y desempeño de un personaje de la misma: la primera nos trae a Peter Keating un arquitecto sin escrúpulos, que no tiene pasión por sus tareas, aunque con buenas calificaciones tiene un éxito muy rápido. Estudió con Howard Roark por ende fueron compañeros. Ambos personajes son como el día y la noche, con exageradas diferencias que plantea la autora. Las visiones de estos personajes, muestran el yin y el yan. Keating está dispuesto a pasar por encima a quien se cruce en su camino.
Ellsworth M. Toohey, colectivista, crítico de arte especializado en arquitectura, va formando en el periódico de Wynand lo que se llamaría hoy la opinión pública, la moldea de manera tendenciosa y en contra de Roark. Así, nos llega en la segunda parte.
La tercera se refiere a Gmail Wynand dueño de un conglomerado de revistas, un poderoso y despiadado editor de periódicos sensacionalistas (The Banner) que se formó desde abajo pero ahora busca controlar la opinión pública, careciendo de integridad personal. En su diario trabaja Dominic Francon, novia de Roark.
Y por último Howard Roark ya mencionado, fiel a su estilo propio, lucha solo contra los convencionalismos sociales, está en conflicto con el mundo y en total paz consigo mismo, se incluye en la cuarta parte y última parte de la novela. Los expertos dicen que Frank Lloyd Wright fue el arquitecto real que inspiró al arquitecto de ficción.
La novela, que la autora quería titular como Vidas de Parásitos, está escrita con pasión en los personajes y en la trama, se ve una lucha entre el individualismo y el tradicionalismo, otra discusión que surge de los personajes es entre altruismo y egoísmo y entre individuos y sociedad. Transmite valores, pasiones por el amor propio, y también muestra traiciones propias de una sociedad enferma.
La novela El Manantial se convirtió en una lectura popular entre los soldados aliados durante la Segunda Guerra Mundial. Y puede decirse que les levantaba el ánimo. Ambas novelas, La Rebelión de Atlas y El Manantial han ganado popularidad, tal vez, no tengan la escritura atildada de Henry James, o el uso de las palabras exactas de Gustave Flaubert, sin embargo están redactadas en forma directa y concisa en temas de los que muchas veces no se hablan, por eso hago un llamado a leerlas, sin prejuicios.
Juan Laureano Sercov
Junio 2026