
Ricardo Piglia calificó a Bioy Casares (1914-1999) como pavote, nene de mamá, tal vez, Borges proyectó una sombra sobre él y lo dejó algún escalón abajo y seguramente Ricardo no ha leído toda su obra ya que en “La otra Aventura”, en “Borges”, o en “El sueño de los héroes”, queda afirmada la envergadura de este autor, por su inventiva, su percepción el manejo del idioma, y demuestra, al igual que el maestro, ser un gran lector.
Sus cuentos, incluidos en “Historias de Amor”, “Historias desaforadas”, “Historias fantásticas”, entre otros, están excelentemente contados, muy sutil su prosa, elegante, siempre aparece el amor, la sexualidad, la inocencia, llevando las situaciones a extremos, no exentas de humor. En “La trama celeste” el capitán Ireneo Morris, tras un accidente aéreo entra en un universo paralelo y narra sus experiencias.
Roberto Bolaño llegó a elogiar a Ernesto Sábato por “Sobre héroes y tumbas” y a Bioy Casares expresando: “No se puede escribir en español una novela así, después de “La invención de Morel”, donde lo que aguanta la novela es el argumento”. Precisamente recomiendo dos novelas cortas una es: “La invención de Morel” y otra “Diario de la guerra del cerdo”, para quienes quieran iniciarse en la lectura del autor.
“La invención de Morel” publicada en 1940, adelanta el futuro que hoy vemos dominado por la tecnología, la inteligencia artificial y le brinda a su autor el título de maestro de la literatura fantástica. Como sucedía en los Supersónicos, serie de animación de la década del sesenta, hoy podemos andar en el Waymo vehículo autónomo que comenzó a circular por San Francisco, y que prontamente extiende su uso por ciudades más al sur. El invento de Morel, como una máquina que apresa en imágenes a seres reales y los perpetúa en una eternidad espectral. Estamos ante la presencia de un fantasma o de fantasmas producidos por la invención técnica, un rasgo inédito que puede relacionarse en parte con la gravitación que ha tenido el imaginario de los conocimientos científicos y la producción tecnológica en las décadas de 1920 y 1930.
Días pasados Soda Stereo dio un recital con la presencia de Zeta Bosio, Charly Alberti y Gustavo Cerati fallecido aparece como holograma. Lo fantástico está presente en la novela, Bioy seguramente fue influido por Wells y otros escritores anglosajones y europeos. Había una preferencia por las vanguardias poéticas de los años 20, que expresaban «una fascinación por la tecnología» y la «transformación literaria». También Bioy desde niño ha sido un amante del cine, a pesar de que su madre le había prohibido asistir a las salas de proyección. Ha llegado a decir: «Mis recuerdos más íntimos están combinados con recuerdos de películas. Pero no sé en qué medida ha influido el cine en mis narraciones.»
En La invención de Morel, el protagonista narrador, el ex presidiario que se esconde en una misteriosa isla, se pregunta sobre la verdadera existencia de Faustine y los demás habitantes del lugar. ¿Qué es lo real?, es el dilema o el enigma fundamental en el desarrollo de todo el relato. Realidad e imagen-proyección virtual son dos órdenes que se alternan y se entrecruzan en la novela.
Morel se refiere tanto a la radio, al fonógrafo, el teléfono, la fotografía, el cine y, por supuesto, a la creación de su máquina grabadora y explica cómo puede reproducir escenas de nuestra vida, personas y objetos. El ex presidiario, luego de su aprendizaje y descubrimiento, busca el modo de entrar en el mundo virtual producido por la grabadora de Morel, movido por el deseo amoroso que siente hacia Faustine. A la fantasía tecnológica se le une en este punto una fantasía erótica. Siempre presente en la narrativa de Bioy.
En el Diario de la guerra del cerdo, Isidro Vidal, conocido en el barrio como Don Isidro, es un hombre común, un hombre mayor que tiene entre cincuenta y sesenta años, con un hijo con quien vive en cuartos contiguos. Con varios compañeros ancianos, jubilados, que se reúnen en la Plaza, también juegan al truco. En la charla de amigos, los temas tienen que ver con la edad, el dentista, la depresión, el velatorio o la siesta. Ironía y tristeza a medida que transcurre la vida de don Isidro con alguna alegría que marca más las penurias y la resignación de los años.
Fútbol, lumbago, abatimiento, tintura son temas de don Isidro y sus compañeros, aparece un problema generacional que es el centro de la obra. La novela es despiadada, publicada en 1969, donde los jóvenes ven con desprecio a los viejos a quienes agreden. Comienza con un ritmo lento, describiendo la miserable vida de Don Isidro que vive junto a su hijo y lucha por su supervivencia. Los jóvenes dicen que los viejos son egoístas, materialistas, voraces, roñosos unos verdaderos chanchos, y se desata la guerra de los jóvenes contra los viejos. El personaje relata y dialoga en cada momento como aquellas personas que saben que algunos hechos, algunas conversaciones se dan por última vez, todo lo ve a la luz agónica de un crepúsculo vespertino.
Frases punzantes, con doble sentido, prosa pulida y en la trama el reflejo de la discriminación hacia la vejez que es la expresión de una lucha entre jóvenes y viejos, que se anticipa en casi sesenta años a la sociedad actual donde el propio presidente Javier Milei tildó de “viejos meados” a ciertos economistas que lo criticaron, pretendiendo con ello descalificarlos por fracasados.
Toda la obra de Bioy es digna de elogio, de ahí que sea muy fácil la recomendación.
Juan Laureano Sercov
Junio/2026