
La obra de Dino Buzzati según Jorge Luis Borges exhala angustia y magia. En “El desierto de los tártaros”, de 1940, Giovanni Drogo es un joven oficial que se presenta en la Fortaleza Bastiani, con el uniforme de teniente, donde es asignado temporalmente. Sin embargo lo temporal se convierte en el destino de su vida, en el límite del mundo, en el nacimiento del desierto poblado por Tártaros que son enemigos eternamente al acecho. Siempre debe estar alerta, y pasa su vida en soledad, con los enemigos latentes y una atmósfera de pesadilla, impotencia, esperanzas y tremenda ansiedad por la espera. Esa espera es existencial, una fortaleza, una frontera prohibida y esa misma tensión atmosférica donde parece que algo va a estallar, pero el horizonte permanece vacío.
La esencia es el “tiempo detenido” que hace que “El desierto de los tártaros” no sea una novela de guerra, sino una autopsia de la esperanza. La Fortaleza Bastiani funciona como un espejo. Al principio, Drogo cree que está allí de paso, pero la rutina es un sedante muy potente. Buzzati nos muestra que el verdadero peligro no son los tártaros (el enemigo externo), sino el hábito: esa inercia que nos hace creer que todavía tenemos tiempo, que el “momento de la verdad” está por llegar, mientras la juventud se escapa por las rendijas de los muros de piedra.
Esa “compasión austera” es, quizás, lo más humano de la obra. A pesar de la crueldad del tiempo, Buzzati no desprecia a Drogo. Hay algo noble en su resistencia, aunque sea una resistencia hacia la nada. La espera tiene una estructura militar y lógica, similar a lo que en Beckett es pura desnudez existencial. También Sándor Márai en “El último encuentro” comparte esa sobriedad cruel y el peso del tiempo. Aquí no se espera una guerra, sino una explicación, tras décadas de silencio y aislamiento.
Al final, la victoria de Drogo —si es que hay alguna victoria— llega solo cuando entiende que la “gran batalla” no era contra los tártaros, sino contra su propia soledad ante la muerte. No impresiona la trama sino la sensación de “suspensión”, la espera eterna, que se instala desde la primera página y que no se abandona ni siquiera después del cierre. Desde el inicio, la atmósfera es densa, casi irrespirable. La fortaleza Bastiani, con su lejanía y su rigor de piedra, no es solo un lugar: es un estado del alma, una forma de tiempo detenido.
La maestría del autor está en lo que perturba, que no es lo que ocurre, sino lo que no ocurre.
Al terminar de leer, queda una sensación extraña. Uno se pregunta si también está esperando algo que no llegará, si ha elegido una fortaleza desde la que observa pasar la vida. Hay en la mirada del autor una especie de compasión austera, una aceptación tranquila de que incluso en la más silenciosa de las derrotas puede haber dignidad.
Una novela alegórica, difícil de olvidar.
La gloria puede ser un destino, al principio la fortaleza es “grandiosa”, Drogo tiene “amigos”: Morel, Augustina, Grotta, Lagorio. Sin embargo pasa el tiempo sin oírse un cañón. Esperanza y frustración. Los diálogos también muestran desolación.
La novela es gris, su personaje mediocre, el desierto es real y simbólico, la novela es alegórica siempre se espera la batalla, mientras la vida pasa. Solo su dignidad, su obediencia y resignación son valores en soledad.
Dino Buzzati Traverso nació en San Pellegrino, Belluno (Italia), el 16 de octubre de 1906. Es una de las figuras más destacadas de la literatura del siglo XX. Tras cursar estudios de Derecho, en Milán, en 1928 ingresa como cronista en el Corriere della Sera, del que luego sería redactor y enviado especial en Jerusalén, Praga, Tokio y Nueva York, entre otras ciudades.
Inicia su actividad literaria con “Bàrnabo delle montagne” (1933), que obtuvo un notable éxito de crítica y lectores, y “Il segreto del bosco vecchio” (1935). Su carrera se consolidó años más tarde con la aparición de “El desierto de los tártaros” y “Los siete mensajeros” (1940) que desde entonces lo confirmaron como un narrador extraordinario. Pero fue en el relato breve donde dio muestras de su extraordinario genio. En Acantilado han aparecido sus libros “Sesenta relatos” (2006), “El colombre” (2008) y “Las noches difíciles” (2009). Falleció en Milán (Italia), el 28 de enero de 1972.
En “Miedo en la escala”, que tiene un argumento simple: la trama sucede en el teatro lírico, donde se va a estrenar una obra donde hay una matanza de inocentes similar a la iniciada por Herodes. La obra se interrumpe por el rumor de que viene una revolución y van a tomar el teatro. La amenaza genera un miedo a lo desconocido. En “Las siete plantas”, el autor se refiere a un hospital donde los enfermos ocupan cada piso (planta) de acuerdo al grado de enfermedad que tiene el enfermo. También el tiempo es un componente esencial. Todas los escritos de Buzzati son para recomendar, tiene cuentos irónicos, que arrancan una sonrisa como por ejemplo “El derrumbe de la baliverna”.
Espero que disfrutes la lectura de esta novela única. Hasta la próxima recomendación.
Juan Laureano Sercov 23/05//2026