Nacieron en marzo de 1986 con trece minutos de diferencia en la misma clínica de la ciudad de Buenos Aires y tuvieron vidas diametralmente opuestas. La justicia sospecha que fueron intercambiadas apenas nacieron, pero el motivo es un misterio. Las dos mujeres se enteraron de casualidad de que habían vivido toda su vida con padres que no eran los suyos.

Paula y Gabriela nacieron el 22 de marzo de 1986 en el Hospital Italiano con apenas trece minutos de diferencia. Sus vidas transcurrieron con destinos totalmente opuestos. La primera se fue a vivir a Miami de muy chiquita en una familia de profesionales y hoy es una abogada que está casada con dos hijos, una vida ciertamente acomodada. La otra, no tuvo tanta suerte. Vivió en una modesta casa de Morón de clase media y transcurrió una infancia con las necesidades típicas de una familia que lucha por llegar a fin de mes.
Fueron 40 años de vidas completamente separadas y desconectadas que parecían no tener nada que ver, pero que estaban ligadas de manera oculta, asombrosa y hasta dramática: las bebas fueron cambiadas al nacer dentro de la clínica y fueron criadas por padres que creían que eran sus hijas biológicas.
La historia que revela el medio Infobae, en exclusiva, tiene su génesis a principios del año 2024. Paula decidió realizarse un test de ancestralidad. Se trata de un análisis genético que busca estimar de qué regiones del mundo provienen los antepasados de una persona a partir de su ADN. Es un estudio privado que realizan algunas empresas norteamericanas. Aunque parezca extraño en Argentina, es habitual en personas curiosas de Estados Unidos.
El resultado de ese estudio dejó atónita a la abogada argentina. No existía compatibilidad ancestral ni con su padre ni con su madre. Pensó que había un error y repitió el procedimiento. Pero el resultado fue idéntico. Ante esta situación, decidió hacerse un estudio de ADN.
Ante esta angustiante noticia, la familia decidió moverse para conocer la verdad. Por eso, se contactaron con el abogado Ignacio Leguizamón Peña, en Buenos Aires, que rápidamente inició un trámite en un juzgado civil de la ciudad.
La primera medida ordenada por la justicia porteña fue solicitar al Hospital Italiano, donde había nacido Paula, que envíe toda la documentación referente a los nacimientos sucedido el 21, 22 y 23 de marzo de 1986. Había que descartar cualquier posibilidad.
Los errores en los registros
En diálogo con Infobae, Ignacio Leguizamón Peña relató cómo avanzó la investigación: “Lo primero que hice fue establecer una medida en la justicia para que el Hospital Italiano abra sus archivos”. El procedimiento inicial consistió en analizar las planillas de parto.
“El 22 de marzo no había ningún nacimiento femenino registrado, lo cual nos llamó la atención. Había dos el 23 y ocho el 21. Es decir, había eventualmente diez familias involucradas”, explicó el abogado.
Al inspeccionar los archivos originales, Leguizamón Peña logró identificar el motivo de la ausencia de registros. “El cambio de guardia era a las 08.00 a.m.; los nacidos antes de esa hora estaban en la planilla del día anterior”, precisó.
Así, encontró en la planilla del 21 de marzo la existencia de ocho nacidos femeninos, entre ellos, los datos relevantes para el caso en cuestión.
La comprobación de los domicilios consignados en las partidas de nacimiento permitió avanzar hacia la localización de las familias involucradas.
El abogado contó: “En la partida de nacimiento decía como domicilio de la nacida Gascón 450, que es el Hospital Italiano. Verifiqué otros casos y encontré el mismo patrón en diferentes clínicas”.
Leguizamón Peña recordó que solicitó al juez autorización para acceder a los listados de nacidos en el hospital durante los días comprendidos entre el 21 y el 23 de marzo de 1986. “Ante mi sorpresa, el registro civil respondió y ahí aparecieron todas las partidas, incluida la de la beba número ocho”, detalló.
El dato definitivo surgió al comparar datos como el peso, la hora de nacimiento y la partera asignada: “Habían nacido con cien gramos de diferencia, trece minutos de diferencia y con la misma partera”.
La investigación permitió identificar a la segunda mujer involucrada, cuya familia residía en el conurbano bonaerense. La realidad social y económica de ambas familias era distinta, pero las pruebas genéticas confirmaron que ninguna de las dos chicas era biológicamente hija de quienes las criaron.
El contacto inicial entre las madres fue facilitado por Leguizamón Peña: “Tuve que estar en el medio de las dos familias y en algún momento les planteé a las dos mamás que debían conversar cuando estuvieran preparadas”.
Esa llamada telefónica duró más de dos horas y permitió sentar las bases del futuro reencuentro.
Semanas después, la mujer que había crecido en Miami viajó a la Argentina junto a su madre, una de sus hermanas y su familia.
Se encontraron en un shopping en Buenos Aires. Estuvieron seis horas todos juntos, todos los familiares; los chicos terminaron jugando. Realmente el encuentro fue muy bueno”, relató el abogado.
A partir de ese momento, ambas familias comenzaron a construir nuevos vínculos, respetando los lazos afectivos y el impacto emocional que significó la revelación.
Todas las medidas están abocadas a resolver el gran interrogante que tiene toda esta historia: ¿Qué pasó en el Hospital Italiano el 22 de marzo de 1986?. /Infobae