El juez Rafecas dictó la falta de mérito tras comprobar la veracidad de la coartada presentada por Alberto Santiago Soria.

Buenos Aires.- El juez federal Daniel Rafecas puso en libertad a la persona que había quedado detenida por el envío del paquete explosivo al titular de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Nicolás Pino el jueves pasado.
Esta decisión se produjo porque el magistrado verificó la coartada que presentó Alberto Santiago Soria (único detenido), quien a la hora del envío del paquete, desde una librería de Barracas, el acusado estaba en una capacitación en el Salguero Plaza en Barrio Norte.
Soria, de 40 años, había sido detenido el viernes a la noche, tras un allanamiento en su departamento en el barrio de Flores. Durante el operativo, la policía encontró una guía de la Ciudad de Buenos Aires con una inscripción manuscrita que decía “La Rural”, seguida de la actuación del cuadrante “52 A-5″, correspondiente a la ubicación del edificio de la SRA (Juncal 4450).
Mientras que el estudio antropométrico que realizó el Ministerio Público Fiscal de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires comparó la imágen de quien mandó el paquete, tomada en la librería de Barracas, con la foto del titular de la tarjeta SUBE de Soria. Según informa hoy el diario Página 12 el resultado fue el siguiente: “A es igual a B”, o sea que el individuo de la librería que envió el paquete tenía que ser Soria. Sin embargo resultó que no, que el estudio dio un resultado equivocado y Soria no fue quien envió el explosivo. Rafecas actuó de inmediato y ordenó la libertad del detenido.
La información publicada en la web del diario nacional pone el acento en que el supuesto terrorista viajaba en colectivo, con SUBE registrada para que el boleto le salga más barato. En lugar de mantener bajo perfil y hacer un trabajo serio y sin estridencias, Bullrich utiliza las investigaciones -en este caso equivocada- para hacer autobombo de la política represiva y fundamentar la derivación de fondos incontrolados a la SIDE. Para colmo, gran parte de la población cree que la plata no se utiliza para la lucha anti-terrorista, sino para alimentar la granja de trolls del gobierno.
Las cosas no cerraban
Hasta la tarde del sábado, la Policía de la Ciudad daba por seguro que Soria era el Unabomber (un famoso terrorista norteamericano, lobo solitario), pero en versión criolla. La base de la investigación era la siguiente:
*El paquete se mandó desde una librería, receptoría de Andreani, en Barracas.
*Se obtuvieron las imágenes del individuo que hizo el despacho.
*Se analizaron las alternativas de cómo pudo haber llegado el sujeto hasta la librería. Cámaras de seguridad por si llegó caminando o en auto y tarjetas SUBE.
*Al final del análisis quedaron unos 200 sospechosos a los que incluyeron en la comparación antropométrica.
*La conclusión fue que sólo uno respondía a la imagen de la librería: Soria.
*En la búsqueda de antecedentes apareció que el agente inmobiliario tenía un requerimiento por amenaza antisemita anónima. Las piezas parecían encajar.
*Sobre esa base, se decidió el allanamiento el viernes a la noche. Hubo dos datos desilusionantes: en el asombroso desorden del departamento de Chivilcoy y Juan B. Justo no apareció la ropa que usó el que mandó el paquete ni tampoco alguna sustancia que se pudiera vincular con el explosivo.
*Pero sí se encontró una prueba más que interesante: una anotación que, concretamente, decía La Rural 52-A5, ubicación de la entidad en la Guía T. Demasiada causalidad. Y también llamó la atención el comportamiento de Soria. Le tiraron abajo la puerta a las 12 de la noche y reaccionó con absoluta tranquilidad.
Todo listo para el festejo, pero…
Durante la mañana del sábado, hubo una especie de espíritu triunfal en el gobierno porteño. Todo indicaba que Soria era el responsable del atentado. Tanto la Policía de la Ciudad como el juez Rafecas le tenían toda la fe al estudio antropométrico. Es más, las autoridades porteñas prepararon una conferencia de prensa para las 18.
Antes de esa hora, Rafecas fijó la audiencia de la declaración indagatoria de Soria. Ahí se produjo una auténtica sorpresa. Cuando se pensaba que Soria no iba a declarar, el detenido fue muy firme en decir que él no era el de la imagen de la librería y que, además, tenía pruebas de dónde había estado en la mañana del jueves: en una capacitación de la empresa para la que trabaja, Remax, en el Salguero Plaza. La Policía de la Ciudad verificó los dichos de Soria por dos caminos: las cámaras del evento y la geolocalización del celular del sospechoso. “El análisis antropomórfico del Ministerio Público Fiscal de la Ciudad quedó descartado”, informó el magistrado este lunes.
Las pistas, el peligro y el caso cerrado que no fue
En fuentes policiales y judiciales hay expectativas. Según dicen se están siguiendo numerosas pistas y confían en que lograrán el esclarecimiento. Por ahora, no arriesgan ningún móvil ni tienen en claro qué tipo de sujeto o grupo pudo haber puesto en marcha el ataque. Bullrich habló de veganos y anarquistas. En todo caso, el camino adecuado no parece el del triunfalismo y los fuegos artificiales, sino eficiencia y bajo perfil. La ministra pretendió usar el caso para justificar la derivación de fondos reservados por 100.000 millones de pesos a la SIDE, sin explicar qué se compraría con ese dinero y, sobre todo, por qué hay que hacer las adquisiciones con dinero oscuro, no controlado.
Fuente: Página 12