Día Mundial de la Costurera

El Día Mundial de la Costurera se celebra cada 14 de octubre para homenajear el trabajo artesanal, la creatividad y la dedicación de quienes transforman hilos y telas en prendas de vestir y obras de vestir.

El 14 de octubre se celebra el Día Mundial de la Costurera, una fecha dedicada a reconocer a quienes trabajan con agujas, hilos, telas y máquinas de coser para confeccionar, reparar, transformar y dar una nueva vida a las prendas.

Aunque la jornada está incorporada desde hace años a los calendarios de efemérides de distintos países, no existe un registro oficial que permita establecer con certeza cuándo y por qué comenzó a celebrarse el 14 de octubre. Diversas fuentes coinciden en señalar que su origen es difícil de precisar y que la fecha se consolidó con el tiempo como una jornada de reconocimiento a este oficio.

Más allá de su origen, el día permite poner en primer plano una actividad que durante siglos estuvo vinculada principalmente al trabajo femenino y que tuvo un papel fundamental tanto en la economía familiar como en la industria de la indumentaria.

Un oficio con siglos de historia

La costura es una práctica mucho más antigua que la industria de la moda. Desde tiempos remotos, los seres humanos utilizaron fibras vegetales, pieles y otros materiales para protegerse del frío y de las condiciones del ambiente. Con el paso del tiempo, las técnicas se hicieron más complejas y aparecieron nuevas herramientas y formas de confección.

La historia de la costura está estrechamente relacionada con la evolución de la vestimenta y, posteriormente, con la moda.

Uno de los antecedentes frecuentemente mencionados en la historia del oficio se encuentra en Francia durante el siglo XVII. En 1675 se creó allí un gremio de costureras, en un contexto en el que la confección de prendas adquiría cada vez mayor importancia y se ampliaba la cantidad de personas dedicadas a esta actividad.

Mucho tiempo después, durante el siglo XIX, el crecimiento de la industria textil, la diversificación de las telas y la expansión de la moda modificaron profundamente la forma de producir y consumir ropa.

Cuando la costura se convirtió también en una salida laboral

Durante buena parte de los siglos XIX y XX, aprender a coser era una habilidad habitual para muchas mujeres. La costura permitía confeccionar ropa para la familia, realizar arreglos y, en numerosos casos, generar ingresos desde el hogar.

También fue una actividad vinculada a talleres y fábricas de indumentaria.

Con la expansión de la industria textil, miles de mujeres ingresaron al mercado laboral realizando tareas de confección. Sin embargo, detrás del crecimiento de la industria también existieron condiciones laborales muy difíciles: extensas jornadas, bajos salarios y situaciones de explotación.

En la Argentina, la historia del sector de la confección también está atravesada por estas problemáticas. Un informe publicado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 2024 reunió testimonios de trabajadores y trabajadoras del sector argentino y analizó cuestiones vinculadas con las condiciones laborales, la vulnerabilidad y el trabajo decente.

La incorporación de la máquina de coser transformó profundamente la actividad.

Lo que durante siglos había dependido exclusivamente del trabajo manual pudo realizarse con mayor velocidad y precisión. La industrialización permitió producir grandes cantidades de prendas y modificó tanto los tiempos como los costos de fabricación.

Sin embargo, la costura artesanal nunca desapareció.