Santos Ángeles Custodios

El 2 de octubre, la Iglesia Católica celebra la festividad de los Santos Ángeles Custodios, también conocidos popularmente como los ángeles de la guarda.

El 2 de octubre, el santoral católico celebra con inmensa gratitud la memoria litúrgica de los Santos Ángeles Custodios. Promulgada universalmente por la Iglesia romana para honrar a los espíritus celestiales asignados por la Divina Providencia, esta festividad recuerda que cada ser humano cuenta con un protector invisible que lo acompaña en su peregrinar terrenal hacia la eternidad.

Los Santos Ángeles Custodios y la misión divina de proteger al pueblo creyente

La doctrina cristiana atestigua que los espíritus angélicos actúan como fieles guardianes, intercesores y mensajeros de la gracia divina desde el momento del nacimiento. Las Sagradas Escrituras y las tradiciones teológicas medievales confirman cómo estos seres celestiales custodian la salvación del alma, alejando los peligros espirituales y guiando la conciencia hacia el cumplimiento sincero del Santo Evangelio.

Innumerables crónicas eclesiásticas documentan milagrosos auxilios, salvaciones de catástrofes y visiones místicas donde los seres angélicos intervinieron para defender a los justos. Diversos santos y doctores eclesiales atribuyeron a su ángel protector avisos providenciales en momentos de tentación, sanaciones espirituales y una constante asistencia en la vida de oración contemplativa.

Cada 2 de octubre, la Iglesia Católica celebra a los Santos Ángeles Custodios. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña con toda claridad que la existencia de los ángeles constituye verdad de fe (cfr. CEC 327-328). Dice el artículo 327 del Catecismo: “La existencia de seres espirituales, no corporales, que la sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición”.

Y, como sostenía San Basilio (c.330-379): “Todo fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida”, refiriéndose al ángel custodio que, como confirma la tradición, vela por el bien y la salud espiritual de cada uno de los seres humanos.

Siempre a nuestro lado, siempre

San Basilio enseña precisamente que Dios ha dispuesto que toda alma no esté “sola”, sino que cuente con un protector con la misión específica de acompañar y guiar a una persona a lo largo de la vida. Esta tarea ha de cumplirse desde el momento de la concepción hasta la hora de la muerte.

Nuestro ángel custodio no nos abandona ni se aleja. Lamentablemente, la mayor parte del tiempo no somos conscientes de su presencia. Por eso, es una santa costumbre que cada 2 de octubre recordemos y celebremos la fiesta de los Ángeles custodios, nuestros guardianes.

La palabra “ángel” proviene del griego antiguo ἄγγελος [ángelos] voz que significa “mensajero”, o “el que lleva un encargo”.

En la Biblia

La Sagrada Escritura da cuenta de la existencia de los ángeles y cómo, en momentos cruciales de la historia de la salvación, ellos han aparecido con el propósito de cumplir una misión especial dada por Dios. Son creaturas como nosotros, pero gozan de una condición particular. No son seres corpóreos, y por lo tanto, no están sometidos a las leyes que regulan la materia, el tiempo y el espacio. Son creaturas espirituales y como tales poseen inteligencia.

Los ángeles custodios son los espíritus celestiales de los que habla el Salmo 90: “A sus ángeles ha dado órdenes Dios para que te guarden en tus caminos”; y de los que da cuenta el Evangelio cuando, por ejemplo, Jesús dice: “Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus Ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial” (Mt. 18,10).

/aciprensa.com