
Roberto Godofredo Christophersen Arlt, más conocido como Roberto Arlt nació en Buenos Aires el 26 de abril de 1900, murió el 26 de julio de 1942 a la edad 42 años en la misma ciudad. Se casó con Carmen Antinucci y tuvo una hija Electra Mirta Arlt en Córdoba en 1923 que falleció en el 2014 a raíz de un infarto en CABA en el Hospital Fernández y un hijo Roberto Arlt (h) nacido en 1942, hijo póstumo del escritor y de su segunda esposa, Elisabeth Mary Shine.
Su padre, Carlos Arlt, era de origen prusiano y hablaba alemán; su madre, Ekatherine Lobstraibitzer, había nacido en Trieste (Italia). En su adolescencia se lleva mal con su padre, que era muy violento y lo somete a severos castigos corporales. En un momento la situación llega a ser demasiado tensa y el padre lo echa de su casa. Arlt efectúa diversos trabajos para poder subsistir, realiza aprendizajes como dependiente en una librería, en un taller mecánico, en el puerto, en una fábrica de ladrillos y a veces realiza tareas de pintor, como él mismo lo cuenta en una de sus “Aguafuertes” en el diario El Mundo. Para conocer la biografía completa del escritor puede leerse a Sylvia Saítta en su libro “El escritor en un bosque de ladrillos”.
Roberto Arlt describe su propia novela, ante el planteo de un lector y que mejor que su autor para hacer la reseña. “Me escribe un lector: Estimado señor: me he enterado de que ha salido una novela suya llamada Los siete locos. Como dispongo de poco dinero para invertir en libros, le agradecería me diera algunos datos respecto a ella, para saber si vale o no la pena de gastarse el tiempo y unos pesos en su lectura.
Dudé un momento. Luego me dije que, habiendo hablado de tantas obras ajenas, bien tenía el derecho de explicar cómo era lo mío. Además, si hay gente que se conforma con conocer el argumento de una novela, sin tomarse el trabajo de leerla, ni gastar unos centavos en adquirirla, les regalaré a mis lectores ese argumento, que va franco de porte.
El plazo de acción de mi novela es reducido. Abarca tres días con sus tres noches. Se mueven, aproximadamente, veinte personajes. De estos veinte personajes, siete son centrales, es decir, constituyen el eje del relato. Siete ejes, mejor dicho, que culminan en un protagonista.
Estos individuos, canallas y tristes, simultáneamente; viles soñadores, están atados o ligados entre sí, por la desesperación. La desesperación en ellos está originada, más que por la pobreza material, por otro factor: la desorientación que, después de la gran guerra, ha revolucionado la conciencia de los hombres, dejándolos vacíos de ideales y esperanzas.
Hombres y mujeres en la novela rechazan el presente y la civilización, y tal cual está organizada. Odian esta civilización. Quisieran creer en algo, arrodillarse ante algo, amar algo; pero, para ellos, ese don de fe, la «gracia» como dicen los católicos, les está negada. Aunque quieren creer, no pueden. Como se ve, la angustia de estos hombres nace de su esterilidad interior. Son individuos y mujeres de esta ciudad, a quienes yo he conocido.
El argumento es simple. Uno de los personajes, llamado el Astrólogo, quiere organizar una sociedad secreta para revolucionar y quebrantar el presente estado de cosas. Para llevar a cabo su proyecto necesita dinero. En estas circunstancias, Erdosain le ofrece el medio de adquirirlo. Se trata de secuestrar a un pariente que lo ha abofeteado.
Lo narrado abarca la primera jornada de la novela. En la segunda jornada se lleva a cabo el secuestro del personaje, y la tercera parte, o la última noche y su día abarcan la vida interior del personaje antes de cometer el crimen, o de permitir que se cometa.
En sí, la novela ofrece tres aspectos. Uno psicológico, otro policial y otro de fantasía.
La organización de la sociedad secreta, aunque parezca un absurdo, no lo es. Hace quince días, telegramas publicados en distintos diarios, dieron noticias de la detención en Estados Unidos de los miembros de una sociedad secreta que se llamaba «La orden del gran sello». Los propósitos de los sujetos afiliados a esta sociedad, eran idénticos a los que se atribuyen a los personajes de mi novela. Es decir, que no he hecho nada más que reproducir un estado de anarquismo misterioso latente en el seno de todo desorientado y locoide. El aspecto policial y judicial de la novela, o set; el secuestro, después de estudiarlo, lo consulté con un profesional del delito. Este, luego de escuchar mis explicaciones, me preguntó, y observen aquí qué curiosa la pregunta del sujeto: -Los autores del delito, ¿son profesionales o principiantes?, -Principiantes. -Está muy bien. Si fueran profesionales estaría mal -y acto seguido entró en la explicación técnica de por qué siendo principiantes estaban bien, y no siéndolos, estaba mal.
Vida interior: Para mí no ofrecen absolutamente ningún interés las acciones de un delincuente, si estas acciones no van acompañadas de una vida interior dislocada, intensa, angustiosa. Creo que todo principiante en el mal, si tiene un poco de inteligencia, debe pasar momentos atroces.
Hombres y mujeres, en el curso de la historia citada, viven el horror de su situación. De allí la extensión de la novela: trescientas cincuenta páginas. Sacando cien páginas de acción, el resto del libro no hace nada más que detallar lo que piensan estos anormales, lo que sienten, lo que sufren, lo que sueñan. Todos ellos saben perfectamente que la felicidad les está negada; pero, como bestias encadenadas, se revuelven contra esta fatalidad: quieren ser felices, y como el bien les ha cerrado las puertas, piensan monstruosidades que los llenan de remordimientos, de más necesidades de cometer delitos para ahogar el grito de sus conciencias malditas.
Decía un gran novelista ruso, Dostoyevski: «cada hombre lleva en su interior un verdugo de sí mismo». He tratado de que esta realidad sea visible en la acción de los personajes del libro, pues lo es en la vida de los hombres de este siglo.
En síntesis: estos demonios no son ni locos ni cuerdos. Se mueven como fantasmas en un mundo de tinieblas y problemas morales y crueles. Si fueran menos cobardes se suicidarían; si tuvieran un poco más de carácter, serían santos. En verdad, buscan la luz. Pero la buscan completamente sumergidos en el barro. Y ensucian lo que tocan.
A mí, como autor, estos individuos no me son simpáticos. Pero los he tratado. Y todo autor es esclavo durante un momento de sus personajes, porque ellos llevaban en sí verdades atroces que merecían ser conocidas. En definitiva: en esta obra no hay ningún casamiento, ni baile, ni declaración de amor. Al sexo femenino no le puede interesar.”
Maravillosa descripción que fue publicada el 17/06/2019 por Alfredo Serra en Infobae.
Los personajes claves son Remo Erdosain, un inventor frustrado que en el comienzo de la novela debe rendir cuentos en su trabajo de cobrador. Lleno de angustia existencial y autor del robo que detona la trama. Tiene poco tiempo para reponer el faltante y busca dinero en el bajo mundo, no lo consigue y solo logra encender el odio. Recorre cafés. Acude a Gregorio Barsut primo de su mujer, al farmacéutico Ergueta, poseedor del secreto de la ruleta, ninguno le presta. El Astrólogo: es un líder carismático, manipulador de cabezas y delirante de la sociedad secreta. Es el que propone la aventura. Cuenta con un secretario Bromberg (el buscador de oro). Haffner (el rufián melancólico): Asesora en la organización del prostíbulo para financiar la revolución. Ergueta: Amigo de Erdosain con delirios místicos e Hipólita (la coja) su esposa. Barsut: Primo de Elsa (esposa de Erdosain), es el traidor.
Decía Antonio Carrizo, eximio lector, que Arlt nos había regalado a los argentinos dos personajes emblemáticos que eran Ergueta y Erdosain. Mientras que Beatriz Sarlo expresaba que es una novela de una célula de conspiradores, y como todas las células políticas algunos son los portadores del discurso ideológico y otros desempeñan otras funciones.
La idea es la creación de una “Sociedad secreta” que quiere destruir el orden existente. Es el sueño de los locos, una brutal revolución social financiada por una red de burdeles repartidos por todo el país. Los personajes de Arlt están todos fisurados. Y siempre van camino al desastre.
Inserta en un ambiente muy politizado, porque estamos en la antesala del primer golpe de estado en septiembre de 1930, están los fascistas, los bolcheviques, aparecen formas racistas de violencia. El telón de fondo son los grandes temas ideológicos que dominan al mundo. “Personajes oscuros, cargan de negatividad la obra, el personaje y el autor se confunden, es un antihéroe de la década del 30” nos dice Mirta Arlt en el prólogo de la editorial Losada.
Otras novelas del autor son “El juguete rabioso” dedicada a Ricardo Güiraldes, “Los lanzallamas” y “El Amor Brujo”. En 1933, reúne nueve de sus cuentos publicados ya en revistas y periódicos en su primer libro de cuentos “El jorobadito” y también escribe y adapta obras de teatro como “El humillado”, un fragmento de Los siete locos. Luego vendrán sus piezas teatrales más memorables: “300 millones”; “Saverio el cruel”; “El fabricante de fantasmas”; “La isla desierta”; “África”; “La fiesta del Hierro” entre otras.
Abelardo Castillo en Las Palabras y los Días de 1988 sentencia: “Roberto Arlt quería ser feliz, y no pudo. Tuvo que conformarse con ser un genio”.
Juan Laureano Sercov 16/05//2026