En los últimos meses, la palabra therian empezó a circular con fuerza en redes sociales y también fuera de ellas. A diferencia de otras subculturas asociadas, este movimiento no gira alrededor del disfraz: quienes se identifican sostienen que no “actúan” de animales, sino que se autoperciben como uno.

El fenómeno no es nuevo sino que surgió en comunidades digitales de los años 90, pero la exposición actual permite mostrar prácticas que antes quedaban en foros cerrados.
Incluso, en ciudades como Buenos Aires, Rosario o San Juan ya se organizaron encuentros abiertos donde personas que se reconocen de esta manera comparten experiencias, realizan actividades físicas en grupo y explican su postura frente a quienes los observan con sorpresa.
Pero, a diferencia de otras subculturas asociadas, este movimiento no gira alrededor del disfraz: quienes se identifican sostienen que no “actúan” de animales, sino que se autoperciben como uno.
El término therian proviene de therianthrope, palabra de raíz griega que combina ther (bestia) y anthropos (humano). En su uso actual, describe a personas que experimentan una identificación interna con un animal no humano.
No se trata de un juego de roles sino quienes forman parte de esta comunidad explican que la conexión forma parte de su autopercepción.
El animal que eligen recibe el nombre de teriotipo (o theriotype), y los más frecuentes suelen ser lobos, zorros, perros y felinos, aunque también hay quienes se reconocen en aves o reptiles.
Un punto central es que son conscientes de su condición humana física. No creen que su cuerpo se transforme ni presentan alucinaciones clínicas de metamorfosis, sino que la identidad se experimenta en el plano interno.
Dentro de la comunidad se habla de shifts (cambios), episodios temporales en los que predominan sensaciones o comportamientos asociados al teriotipo, según La Voz del Interior. Pueden ser mentales (una percepción más instintiva o sensorial) o incluir experiencias como la sensación de “extremidades fantasma”, por ejemplo, sentir una cola que no existe físicamente.
Otro concepto habitual es el de “disforia de especie”, que describe el malestar que algunas personas sienten por la distancia entre su identidad interna y su cuerpo humano.
Estudios académicos recientes, analizados por el medio antes mencionado, señalan que, lejos de encuadrarse automáticamente como un trastorno, la theriantropía contemporánea suele entenderse como una identidad no convencional.
En algunos casos, incluso, puede funcionar como un “protector” que ordena experiencias personales difíciles de explicar de otro modo.
La imagen de personas caminando en cuatro patas en una plaza o usando máscaras con rasgos animales puede generar la idea de que se trata de una forma de vida permanente. Sin embargo, la mayoría de los therians lleva una rutina similar a la de cualquier otra persona: estudian, trabajan, tienen familia y cumplen con responsabilidades cotidianas.
El programa “Infobae a la Tarde” indagó sobre cómo conviven estas identidades y Marcos Shaw relató el testimonio de una joven: “No es que yo me levanto y voy y tomo agua de un cosito. No, yo soy una persona civilizada, normal, como ustedes, pero me autopercibo así, me gusta ponerme una máscara, me gusta ponerme collares, me gusta ponerme puré y salir y jugar en las plazas y no sé qué. Pero después, soy una persona normal, me voy a dormir, me levanto, pero en mis tiempos, ciertos tiempos libres, con otras partes de mi manada, me gusta salir a compartir”.
La adaptación también implica establecer límites entre la identidad interna y el comportamiento social. Algunos utilizan accesorios, como colas y orejas, en encuentros grupales o momentos específicos, pero no como una vestimenta diaria obligatoria.
Por otro lado, en las redes sociales se popularizó la práctica de los quadrobics, una actividad física que consiste en correr y saltar en cuatro patas imitando la locomoción animal. Si bien no es exclusiva de los therians, muchos la adoptan como forma de conexión con su teriotipo./con información af.