Por Carlos Fara

Llevamos un mes del “deslomegate” y las cosas no mejoran: las complicaciones de Adorni son cada vez mayores, los datos económicos de la calle confirman que la cosa está dura y el gobierno sigue sin poder controlar la agenda. Hace 3 semanas, como comentamos en esta columna, el presidente empezó a usar algunas tácticas comunicacionales para amortiguar la temporada de dolores de cabeza. En Córdoba reconoció que la inflación era todavía alta, pero que era mucho menor que cuando él llegó al poder.
Esta semana que concluye volvió a hacer un ejercicio de reconocimiento de que la situación en el primer trimestre del año había sido dura, que no toda la población se está recuperando a la misma velocidad y, además de ser optimista y volver a echarle la culpa al kirchnerismo, pidió tener “paciencia” (como siempre pedía el protagonista de un viejo sketch televisivo, “con la santa paciencia”, decía). El Javo dijo además que no reconocer que hay ciudadanos que la están pasando mal, “sería deshonesto intelectualmente”. Llamativo para un mandatario que tiene arranques de furia casi cotidianos, últimamente contra la prensa (pero si mandan las redes y no los medios tradicionales, ¿por qué calentarse con los periodistas?). Lo cierto es que Javier Gerardo va tomando nota de que hay algo que en la calle no está funcionando bien (“yo no prometo el paraíso”), y que la vara de exigencia hoy -a 28 meses de gobierno- no es la misma que antes de octubre. Se está produciendo una paradoja: quizá en el mejor momento legislativo de este período presidencial donde gana todas las votaciones, la opinión pública es cuando menos le sonríe.
El mal humor social, sumado a perspectivas de la microeconomía que no son sonrientes y una sociedad que sigue sin sacar los dólares del colchón -como lo proyectamos a fines de enero en la columna “Que la inocencia te valga”, están obligando a la administración libertaria a ser más concesiva. Además de la autorización de hacer adelantos de coparticipación a las provincias y la vuelta de los vilipendiados ATN para los gobernadores -11 los recibieron en estos días- el gasto en marzo subió levemente en términos reales. Los jefes territoriales están ahorcados, y los municipios ni hablar. Están viviendo el ajuste permanente que les impide satisfacer demandas básicas y se empiezan a multiplicar los conflictos sociales: cuando no son las empresas de colectivos, son los prestatarios del PAMI, y así sucesivamente.
El oficialismo reconoce que no es bueno defendiéndose y que, por lo tanto, hay que volver a la estrategia del ataque permanente para saturar a la opinión pública, y que la oposición -confundida- pierda la brújula. Es viejo como el mundo, producir indignación sistemáticamente, de modo que ya no se discuta sobre lo importante. Claro, como todo remedio, en el prospecto hay contraindicaciones. Por ejemplo, “evítese usarse cuando la mayoría social lo está mirando con malos ojos por diversas razones, sobre todo cuando se siente afectada negativamente por el tema de mayor interés. Ingerir el remedio en altas dosis producirá reacciones alérgicas que empeorarán el cuadro original”. Vale decir que la denuncia sobre la campaña rusa anti Milei no tuvo mucho efecto.
Cuando se suman los conflictos y no aparecen salidas políticas a la vista, en el tablero de control se suman las alarmas y se multiplican los cortocircuitos. Esto hace que el gobierno de turno se irrite más, se encapsule y cobren auge las internas. Como resultado de lo cual la tropa se desanima, pierde confianza en sí misma y se queda sin voluntad de defender lo que sea. Por ejemplo, en la última sesión de Diputados, Karina no llevó a su jefe de gabinete y la principal bancada opositora se divirtió un rato cantándole “dónde está, Adorni dónde está…”.
Volvamos al mal humor: más allá de que es mayoritario cuantitativamente, ¿cuán profundo es? ¿es tanto como para que pueda ganar el oso Yogui o el pato Lucas si se enfrentan a Milei en una segunda vuelta? Por ahora no y esa es una gran ventaja para el león. Los decepcionados con la gestión no votarían, por ejemplo, a Kicillof si este fuera la opción, resignándose a apoyar a LLA. Pero ¿qué pasaría si se arma un gran frente opositor que incluya a un variopinto arco, desde López Murphy hasta Axel, y el que gane la primaria sería el gran candidato alternativo? Suena a chiste, ¿no? Pues algunos lo están pensando.
Gente imaginativa en la política siempre hay. La cuestión es cuando los dueños del dinero empiezan a considerar hacer un casting, un tanto fastidiados con los ataques del anarco – capitalista, otro tanto preocupados con que se genere un caldo de cultivo tal que motorice a un nuevo Alberto, apoyado por Cris. Porque, como confesó varias veces Luis Juez, todos los aseguraban en 2019 que “no vuelven más”, se equivocaron de medio a medio. Por lo tanto, un nuevo aviso clasificado reza: “moderado, promercado, se busca”.
Como “algo se está gestando”, cantaba Arco Iris en los ´70, no solo el león está haciendo algunas concesiones discursivas. Axel también se está animando a entonar una nueva canción (la que pidió hace más de 2 años). Esta semana el gobernador bonaerense dijo que no se debía solo reaccionar con bronca a lo que hace o dice el oficialismo, sino que había que ser crítico con el lema del “Estado presente”, entre otras cosas, y proponer otras políticas, sin abrazarse al pasado. Toda una novedad pública, aunque el “enano soviético” viene teniendo diálogos subterráneos con más moderados de lo que se sabe, además de la reunión con Monzó de estos días.
¿Y la jefa aceptaría semejante herejía? CFK, agotada de su prisión domiciliaria, hoy apoyaría cualquier cosa que la saque de esa situación. Pero ¿quién se animaría a sumarse sin quedar manchado de por vida como cómplice de un indulto? Aquí las cuentas vuelven a dar a favor del libertario. Es tan complejo este acertijo que no habrá respuesta alguna por muchos meses. Quizá nunca nadie se la encuentre.