Mar del Plata: El desafío de ser mucho más que una postal

Por Sebastián Pagliarino

Celebrar 152 años no es solo acumular almanaques; para Mar del Plata, es reafirmar su extraña y fascinante capacidad de ser muchas ciudades a la vez. Este 10 de febrero, la capital del turismo argentino se mira al espejo y, más allá de las luces de la rambla, se encuentra con una identidad que está en constante tensión entre la nostalgia de su pasado aristocrático y el pulso de una urbe moderna que no descansa cuando se apagan los reflectores de la temporada.

Nacida como el sueño de Patricio Peralta Ramos, la ciudad creció con destino de grandeza, pero con un guion que cambió drásticamente. Lo que empezó como la “Biarritz argentina” para unas pocas familias, terminó convirtiéndose en el símbolo máximo de la movilidad social del país. Mar del Plata es, quizás, el experimento democrático más exitoso de nuestra geografía: el lugar donde el obrero y el empresario comparten la misma arena, el mismo mar y, con suerte, la misma fila para los churros.

Sin embargo, cumplir años también obliga a la reflexión crítica. El mayor desafío de “La Feliz” sigue siendo superar la etiqueta de ser una ciudad “de temporada”. Mar del Plata es un polo productivo fundamental:

  • Es el puerto que alimenta a gran parte del país.
  • Es el cordón frutihortícola que abastece la región.
  • Es una cantera de software, industria textil y talento universitario.

La editorial de este 152° aniversario no puede ignorar que la ciudad necesita dejar de ser vista solo como un “set de televisión” veraniego para ser entendida como una metrópoli con problemáticas estructurales que requieren soluciones los doce meses del año.

El horizonte que viene

Mar del Plata tiene una resiliencia única. Ha sobrevivido a crisis económicas, a cambios de hábitos turísticos y a la furia del Atlántico. Su gente, ese híbrido entre la parsimonia del mar y la velocidad de la calle, es el verdadero motor que mantiene viva la llama.

Hoy, la ciudad no solo debe festejar su historia, sino proyectar su futuro. El desarrollo de la exploración offshore, la modernización de su infraestructura urbana y la preservación de su patrimonio arquitectónico son las materias pendientes que determinarán si los próximos años serán de crecimiento real o de mera contemplación del pasado.

Mar del Plata es un estado mental. Un refugio de inviernos grises y veranos ruidosos que, a pesar de todo, sigue siendo el lugar donde el país va a mirarse de frente al océano.