Cada 29 de enero se conmemora el Día Mundial del Rompecabezas, una jornada dedicada a uno de los juegos más antiguos y universales, ligado al aprendizaje, la memoria, la creatividad y el desarrollo cognitivo en todas las edades.

Un rompecabezas o puzle es un juego de mesa cuyo objetivo es formar una figura gracias a la perfecta combinación de las piezas que lo forman. El primer rompecabezas data del año 1769 gracias a Juan Spilsbury, quien montó una gran cantidad de mapas. Luego los cortó alrededor de las fronteras y comenzó así la historia del rompecabezas.
Esta actividad ha sido utilizada como herramienta pedagógica, ejercicio mental y recurso para estimular la concentración. Cada 29 de enero, la efeméride busca reconocer ese valor simbólico y práctico, resaltando su impacto en la formación intelectual y emocional.
Los primeros antecedentes del rompecabezas moderno se remontan al siglo XVIII, cuando surgió como un instrumento didáctico. En sus inicios, consistía en mapas adheridos a tablas de madera, recortados en fragmentos con el objetivo de facilitar el aprendizaje de la geografía. Esta práctica permitió que niños y jóvenes asimilaran conceptos territoriales de forma interactiva, combinando juego y educación.
Con el paso del tiempo, la idea se expandió hacia otros ámbitos. Los materiales se diversificaron y las temáticas comenzaron a incluir paisajes, escenas cotidianas, obras de arte y representaciones abstractas. La fabricación industrial, impulsada por avances técnicos, permitió su masificación durante el siglo XX. A partir de entonces, el rompecabezas dejó de ser exclusivo del aula y se instaló en los hogares como una forma de ocio accesible.
La evolución también alcanzó al formato. A los modelos tradicionales de piezas encajables se sumaron variantes tridimensionales, mecánicas y digitales. Este crecimiento consolidó su vigencia en un mundo atravesado por pantallas, demostrando que el desafío intelectual mantiene atractivo más allá de los cambios tecnológicos.