En un show de casi tres horas, la banda de Andrés Ciro Martínez se presentó este sábado en Mar del Plata.

Son las 22 en punto y la multitud grita alocada sospechando la salida a tablas de Andrés Ciro Martínez y los Persas, la súper banda que formó y que incluye dos guitarras (talento puro) y dos bajos (una locura total).
Por esos minutos el frontman (¿Ex? Los Piojos) posiblemente era uno de los hombres más felices de la Tierra: En los camarines, acababa de escuchar tocar a Manu, su hija, que teloneó a la banda en el bello Bendu Arena y más tarde compartiría escenario con la bajista Luli Bass, su pareja.
Ciro entró en escena en Mar del Plata y como siempre se lo vio entero y vital, como ese artista que forma parte de una pequeña elite de músicos que envejece bien, muy bien. Su actitud envejece bien, sus letras también lo hacen, su música y su(s) banda(s) igual. Canta, baila, se mueve por el escenario como quien pasea feliz por el living de su casa y hace vibrar a los fans en una noche de temperatura ideal.
En casi tres horas, la banda tocó sus grandes hits “Mirenla”, “Insisto”, “Antes y después”, “Me gusta”, tal vez una de las baladas más lindas de su repertorio. Pero también hizo clásicos piojosos como “Verano del 92”, en versión edulcorada, “Desde lejos no se ve”, tercera canción de la noche en la que entró en escena Luli Bass (semejante tema lo ameritaba) “Ruleta”, “El Farolito”, “Tan solo”, la mítica “Maradó” con intro y todo, “Pistolas” y “Como Alí”, momento épico en la madrugada del domingo.

“El escenario es el lugar más cómodo que tengo en el mundo”, dijo hace algunos años Indio Solari en una entrevista y Ciro hace carne esa frase, juega, disfruta, se lo permite, habla con sus fans, lee sus banderas en voz alta, lanza sonidos onomatopéyicos que el público devuelve en un intercambio de energía que levanta la adrenalina y hace prever que el final del show se acerca.
Con sus tradicionales falsos cierres de recital, la banda se va del escenario varias veces, para luego volver y tocar dos o tres canciones. El público también se permite jugar, canta, grita, pide una más, pero en esa pequeña pausa nadie se mueve de su lugar. Con una atinada elección Ciro y los Persas se despidieron con “Astros” y la intro del himno nacional argentino a pura armónica, otro momento mágico en la noche, uno más.
En una maravillosa noche de verano en la ciudad, Ciro y los Persas tocaron durante casi tres horas para miles de marplarenses y turistas, canciones que inevitablemente envejecen muy bien.