El ciclo de cine internacional se renueva en el Museo MAR. Este mes propone producciones cinematográficas imprescindibles de lo vampírico a lo largo de la historia del séptimo arte. Ingreso gratuito por orden de llegada hasta colmar capacidad (200 personas). Domingos, 18h.

El cine vampírico es un subgénero del cine de terror y de lo fantástico que gira en torno a la figura del vampiro. Desde sus primeras apariciones, se consolidó como una metáfora poderosa sobre lo prohibido: el deseo, la sexualidad, la muerte, la inmortalidad y el miedo a lo desconocido.
Nace con el cine mudo (Nosferatu, 1922) como una representación del monstruo extraño y amenazante.
El vampiro en pantalla encarna lo que la sociedad teme o desea en cada época: desde la peste y la decadencia, hasta la rebeldía juvenil o la angustia de la inmortalidad.
El cine vampírico es un espejo cultural, donde cada versión del vampiro refleja las obsesiones y fantasmas de la época que lo retrata.
Como ningún otro, el Drácula de Bram Stoker se convirtió desde su publicación en 1897 en la figura icónica que el cine tomaría – con mayor o menor pretensión de fidelidad- como representación privilegiada de lo otro.
El film de Tod Browning, Drácula de 1931, inicia el ciclo, este domingo, a las 18, por orden de llegada, hasta completar la capacidad de la sala (200 butacas).
En esta película el vampiro se presenta como ese otro extranjero, refinado y seductor, una amenaza tanto física como erótica o moral.
El cronograma de proyecciones continuará con “Nosferatu, vampiro de la noche” – Alemania, 1979, Dirección: Werner Herzog (12/10); “Drácula de Bram Stoker” – EE.UU., 1992, Dirección: Francis Ford Coppola (19/10) y “Nosferatu” – EE. UU. 2024, Dirección: Robert Eggers.
En Nosferatu, vampiro de la noche (1979), Herzog recupera la adaptación de Murnau explorando esa criatura que también tiene, en su carácter de condenado, una faceta trágica.
En Drácula de Bram Stoker de Francis Ford Coppola (1992) el deseo reprimido, que condena o castiga se expande en un ser ambiguo y fascinante, monstruoso y sensual.
Finalmente, Nosferatu de Robert Eggers dirige su mirada a ese momento ancestral en la mitología de la figura vampírica, su vampiro es la expresión de aquello primario e irracional.
Junto con estas transformaciones profundas del mito, cada film da cuenta, en su estética y narrativa, del horizonte cultural que lo generó. Un recorrido por las formas de la representación de lo siniestro que el cine ha ensayado desde sus inicios.
*Av. Félix U. Camet y López de Gomara.