Tras las legislativas, el Frente de Todos y Juntos se repartieron la mayoría de las bancas en juego en el Congreso de la Nación. La izquierda y la ultraderecha también entraron. Una reflexión acerca de los mensajes para administrar nuestra alegría.

Marcelo Bielsa, ex DT de la selección Argentina de fútbol, explica en una charla que “los procesos educativos más poderosos que tiene la sociedad ya no son la familia y las escuelas, sino los medios de comunicación, porque influyen más que la familia y la escuela”.
Bielsa señala que los medios de comunicación se especializan en “pervertir a los seres humanos según victoria o derrota” y da cuenta de su funcionamiento: “los mismos argumentos que se utilizan para amplificar un comportamiento en la victoria, son los que se utilizan para condenar el comportamiento en la derrota”.
Finaliza el concepto el DT rosarino: “los medios tienen intereses específicos, distintos a las expectativas de la escuela o de la familia”.
El domingo el pueblo argentino votó en las elecciones legislativas. En las mismas se renovaba la mitad de la Cámara de Diputados (127 bancas) y 1/3 de los senadores (24 escaños).
La lectura general de las elecciones es inequívoca, un triunfo contundente de la alianza Juntos en buena parte de las provincias argentinas, la consolidación (hoy) como principal fuerza opositora y un buen piso electoral para encarar los dos años que quedan de cara a las presidenciales 2023.
La lectura específica es distinta, por esos misterios que tiene la democracia, el voto popular equilibró la balanza en favor del Frente de Todos en la provincia de Buenos Aires. Le permitió a Kicillof tener la mayoría en la legislatura bonaerense y al Gobierno nacional la gobernabilidad garantizada en agenda compartida con el principal espacio opositor. Esto porque la diferencia, si lo comparamos con las PASO, no se mantuvo, tampoco se amplió, sino que se achicó.
“La gente nos hizo precio” dijo algún dirigente peronista según leí en un medio nacional donde firma un prestigioso politólogo y periodista. Y coincido plenamente. El Frente remontó una elección muy adversa en las PASO y logró mantener el equilibro en Diputados y Senadores.
Claro es que Juntos representa a las corporaciones argentinas, a ese poder económico que se enmascara en algunos medios de comunicación y se disfraza de independiente. ¿Independiente de qué? ¿Del poder político? Sí, a veces ¿Del poder económico? No, nunca.
Aquí vuelvo a las palabras de Bielsa cuando argumenta que los medios de comunicación que representan a las corporaciones –agrego- y que en la política son socios de Juntos tenían un interés muy específico para estas elecciones: ir por la mayoría en las cámaras para poder despedir empleados sin indemnizarlos.
¿El objetivo del espacio político era tratar ese proyecto de ley (despidos)? Obviamente sí, así lo dejó en claro el propio Rodríguez Larreta, que es número puesto para las presidenciales 2023. ¿Era la única meta? Por supuesto que no. Sin embargo la presión de un puñado de patrones interesados en ganar dinero despidiendo gente provocó una catarata de títulos negativos sobre las elecciones del domingo. Su malhumor es indisimulable y lanzan sus miserias a través de sus cloacas comunicativas.
También es interesante que en esta sociedad Juntos-Corporaciones-Medios de Comunicación, las expectativas del espacio político, pocas veces, son distintas a las del mercado. Los ciudadanos y ciudadanas que votaron a la alianza no lo hicieron para que se trate la ley que desampara al trabajador (o tal vez sí). La esperanza del elector radicaba en otras bondades del partido, o al menos, no solamente en esa.
Como la lógica de los medios de comunicación es binaria: día/noche, Boca/River, blanco/negro, Cristina/Macri, hay que dar un ganador. Sí o sí. La visión mediática no puede parecer tibia. Entonces insisten –hasta el hartazgo- en que el triunfo fue de Larreta, Santilli y compañía, pero el Poder Económico está decepcionado. No quiere festejos, ni propios, ni ajenos. Para ellos no hay nada que festejar y ese es el mensaje. Lo hacen llegar despiadadamente. Su proyecto deberá esperar al menos dos años. Y los que tengan en mente, deberán ser negociados con el oficialismo.
Critican los festejos peronistas, casi un respiro, en medio del sofocón en el peor momento del Gobierno nacional. Mandan a escupir con munición fuerte a los invisibles de la campaña de Juntos: Patricia Bullrich, Miguel Ángel Pichetto y algún otro dirigente. Imposible adjudicarles algún mérito en los resultados.
Los dueños del mercado no llegaron ni si quiera con sus trucos de último momento a los cuales ya nos tienen acostumbrados: aprovechando mediática/políticamente el asesinato de un kiosquero en el conurbano bonaerense o hacer subir el dólar (técnica casi infalible) la última semana de campaña intentando asustar a la sociedad civil.
Incluso la izquierda y la ultraderecha mejoraron sus performances con respecto a las primarias abiertas y se ganaron la representatividad. Aunque parezca una paradoja de la democracia, hoy unos y otros tienen motivos para festejar, aunque las usinas administradoras de alegría te quieran convencer de lo contrario.
En aquella charla, luego de explicar su visión sobre cómo funcionan los medios de comunicación, Bielsa recibe un enorme aplauso del público presente y concluye: “A lo último que aspiraba era a generar esto, porque si estamos de acuerdo, entonces ¿Cómo es que lo permitimos?”.
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